México

“La salud de las democracias depende del detalle técnico, el procedimiento electoral”

Lorenzo Córdova Vianello *

Es un verdadero privilegio estar esta mañana en esta en esta mesa y formar parte de este seminario, para mí poder reflexionar desde una perspectiva más conceptual que no operativa en esta, mi casa académica, es un verdadero privilegio, y compartir la mesa con colegas a quienes respeto y admiro mucho.

Quiero comenzar agradeciendo, por supuesto, la invitación del Instituto, la invitación de la Coordinadora de este seminario, doctora Guadalupe Salmorán y, sobre todo, la condescendencia, porque yo estaba, como ustedes saben, programado para estar ayer, pero ayer llegue hasta la noche de una misión de observación electoral en las elecciones de Colombia.

Y, bueno, a mis compañeros Andrea, a Guillermo y a Hugo, pues gracias por acogerme a destiempo aunque no estaba originalmente programado para estar acá y permitirme hacer algunas reflexiones que, si ustedes me permiten serán especie de puente entre la mesa de ayer en la tarde y la mesa de esta mañana.

Creo que la experiencia organizativa del Instituto Nacional Electoral, en las que, el año pasado fueron las elecciones más grandes que se realizaron a nivel global en términos de la de cantidad de electores involucrados, como lo fue la elección de junio de 2021 en pleno contexto de pandemia, pues es un buen punto de referencia para las reflexiones, en todo caso, que han alimentado este seminario.

Y quisiera también, ¡hombre! hacer algunas, no podría ser de otra manera, en un espacio como el Instituto de Investigaciones Jurídicas hacer algunas referencias de tipo conceptual que acompañen más o de mejor manera la experiencia completa.

Y quiero advertir que he preparado una presentación, que es infinita, a los 20 minutos que tengo implicaría un pasar dos o tres láminas por minuto, así que más bien lo dejo a los organizadores del seminario para que se ponga a disposición de quien lo desee, sobre todo para la cuestión más de números y demás, en la que por cuestiones de tiempo, por obvias razones no me detendré.

Quisiera comenzar con una reflexión no menor.

La democracia tiene muchas dimensiones, la dimensión electoral es una dimensión sine qua non de la democracia, así que me sentaré específicamente en esta, en el tema de las elecciones y no de la democracia en general y las implicaciones que la propia pandemia trajo para la democracia.

Me remito a la célebre frase de Ortega y Gasset para, la del “mísero detalle técnico” ¿no? la salud de las democracias depende de ese mísero detalle técnico que es el procedimiento electoral. Para sustentar lo anterior.

Primer punto, la pandemia representa, la pandemia COVID-19 representa una desafío inédito para los sistemas democráticos y, concretamente, para la dimensión electoral de las democracias, pero creo que es importante no perder de vista, al reflexionar, sobre este punto que la democracia venía enfrentando de tiempo atrás una serie de problemas que siguen ahí, a los que la pandemia se suma y que, eventualmente, la salida de la pandemia; es decir, la génesis de la pandemia en endemias, no debe hacernos perder de vista que los grandes problemas estructurales que enfrentan las democracias es que estaban allí, siguen estando allí, y seguirán estando allí.

Me refiero, sólo hablo ese número, no los gloso, por un lado, al descontento a está desafección con la con la democracia, producto de los grandes problemas estructurales que caracterizan a las sociedades de nuestro tiempo; es decir la pobreza la desigualdad, la corrupción, la impunidad y, en algunos, casos la violencia, siguen siendo ese caldo de cultivo en donde se están nutriendo de discursos antidemocráticos e insisto, esta esta desafección que debemos tomar en cuenta como uno de los problemas para la democracia, hoy y hacia el futuro.

En segundo lugar, tenemos este proceso de falta de credibilidad, de desinstitucionalización de dos de los pilares sin los cuales la democracia es inconcebible, me refiero a los partidos políticos y a los parlamentos y esta lógica de erosión en términos de la credibilidad pública de los mismos.

En tercer lugar, la potencialidad disruptiva que tienen las fakes news, este proceso de posverdad, digamos, la mentira no es nueva en la política, pero evidentemente la irrupción de las redes sociales ha generado una nueva dimensión, una potenciación del riesgo que tiene la mentira, digamos, en la recreación de los sistemas democráticos.

Y, finalmente, la polarización política sobre la que haré algunos comentarios posteriores. De nuevo, igual que la mentira, la polarización no es nueva en los contextos democráticos, de hecho, las campañas electorales son los cauces institucionales que tienen las democracias para que, los distintos puntos de vista se confronten, se contrapongan de cara a la opinión pública.

Sin embargo, hoy estamos viendo una polarización aderezada de intolerancia que recuerda algunos de los peores contextos, digámoslo así, de crisis en términos históricos, de la democracia.

Así estábamos, esos problemas están ahí cuando se suma la pandemia como un nuevo desafío, si se quiere cooperativo, pero creo que también conceptual para las democracias.

Creo que la pandemia significó y significa todavía un desafío para las democracias, al menos en cuatro dimensiones. Las enumero puntualmente: Primero, una dimensión sanitaria, hacer elecciones significa hacer exactamente lo contrario a lo que los protocolos sanitarios sugieren, allí está la clásica imagen de Norberto Bobbio cuando define qué es la democracia y, cuando dice que lo primero que vienen en mente son largas filas de electores esperando emitir su voto afuera de las mesas de votación.

Bueno, justamente eso es lo que las dimensiones sanitarias, en términos del distanciamiento social, el evitar conglomeraciones, sugieren, y que las elecciones implican exactamente en sentido contrario.

Lo que normalmente son las elecciones o implican las elecciones son grandes movilizaciones operativas, mítines o ralies de grandes concentraciones políticas, etcétera, es decir, la primera dimensión es cómo hacer que lo que normalmente se suele hacer para que las elecciones se lleven a cabo y que es contradictorio con los protocolos sanitarios, no impliquen colocar a los derechos políticos en una tensión con el derecho a la salud.

O como desde el INE decíamos el año pasado, el gran desafío es hacer que la democracia y las elecciones no se conviertan en una víctima más de la pandemia.

El segundo desafío es un desafío que tiene una dimensión económica. Sabemos hoy con toda claridad que la interrupción de las cadenas de suministro, en fin, el distanciamiento social, la reclusión que la pandemia impuso, pues trajo como consecuencia, digámoslo así, una derivación económica.

La crisis sanitaria se produjo en una crisis económica. Y esto inevitablemente, pues trajo en general un incremento de esos factores que ya de por sí estaban ahí y que constituían un desafío no menor para la democracia, concretamente la pobreza, el empobrecimiento de franjas importantes de la población que acentúa la desigualdad y que a mí me hace siempre pensar en aquel viejo informe allá en 2004, del PNUD, a cargo de Dante Caputo, el informe sobre El Estado de la Democracia en América Lantina, en donde ya, desde entonces, se concluía que el principal desafío, el riesgo que teníamos los sistemas democráticos latinoamericanos es que jugábamos este juego perverso de ver cuánta pobreza y desigualdad aguantaban las democracias.

Bueno, esto se incrementa evidentemente por la crisis económica derivada de la crisis sanitaria.

En tercer lugar, hay una dimensión política, es decir, la emergencia sanitaria trajo como consecuencia, inevitablemente una serie de medidas, de medidas excepcionales que ponen en crisis el estado de los derechos; es decir, enfrentar la pandemia implica declarar situaciones de emergencia que, en un contexto ordinario implicarían pues también qué se potenciarán los mecanismos de control político para aquellas instancias que toman medidas extraordinarias y, lamentablemente, lo hemos visto, en muchas ocasiones, las decisiones que provocan, las decisiones políticas provocadas por la emergencia sanitaria, no estuvieron acompañada del debido empoderamiento o de la debida actuación de los mecanismos de control.

Hay casos específicos en donde esto puede claramente identificarse, en fin, el riesgo pues, desde el punto de vista político, por un lado, es que la pandemia sea un pretexto para este proceso de concentración del poder en clave no democrática que hemos estado viviendo en tiempo recientes; es decir, la pandemia como el pretexto del Estado de excepción, sin que el Estado de excepción esté acompañado como debe ocurrir en las democracias constitucionales de los efectivos mecanismos de control.

Pero también hay una otra otro aspecto de la dimensión política, y es que la propia pandemia se ha convertido en muchos casos en un pretexto para incrementar la polarización que ya estaba allí; es decir, la pandemia y las políticas que se toman para enfrentarla, como un elemento adicional de esta lógica de confrontación política, insisto, profundamente aderezada con la intolerancia. No me detengo más en esto.

Y, finalmente, hay una dimensión social, es decir, lo hemos visto incluso en democracias consolidadas: protestas en Europa, en países digamos de democracias añejas, Holanda y demás, protestas contra o en Francia protestas en contra de las medidas de la propia de, que digamos, para confrontarla y atenuar la dispersión del virus que pueden traducirse y, digámoslo así, en estas expresiones de protesta que, por un lado, desbordan los cauces institucionales o reacciones institucionales que desbordan o que rebasan los límites legítimos, digamos del ejercicio de la fuerza con fines de orden.
No es un asunto nuevo, es un asunto que ya venía como en el caso chileno, ocurriendo desde antes de la pandemia, pero que evidentemente, la pandemia podía agravar.

Este es un dato que a mí me parece particularmente relevante, es un estudio de Cavalli, en donde, pues digamos, se hace una especie de estándar de recopilación de violaciones a los estándares democráticos como una manera de respuesta a la pandemia, y vemos que hay países que los enfrentaron sin partir sin violaciones graves a dichos estándares, otros en cambio, en donde pues esas violaciones fueron particularmente acentuadas.

Este estudio revela que las violaciones más destacadas son la disminución de controles al poder, que ya mencionaba, decisiones ejecutivas sin control, desinformación provocada desde el poder, ataques a la prensa y protocolos sanitarios que tienen una clara impronta discriminatoria.

No me detengo en esto.

Enfrentarlas, de la pandemia y pasando a la parte de las elecciones, algunas reflexiones muy breves, enfrentar a la pandemia implicó un proceso de aprendizaje para todos los órganos, que no solamente de Gobierno, sino también, a los órganos encargados de la realización de las elecciones. El gran dilema era, vamos adelante con elecciones, pero ponemos en riesgo el derecho a la salud, o cuáles son los protocolos, las enseñanzas que tienen que instrumentar, digamos, aprender recíprocamente para instrumentar, de modo tal, insisto, que la pandemia no convierta a las elecciones en una víctima más de la misma.

Muchos organismos internacionales se han dedicado a lo largo de estos ya dos años, a recopilar experiencias, protocolos, compartir buenas prácticas, identificar prácticas que no son recomendables, etcétera.

En el caso mexicano, decía, algunas reflexiones generales, enfrentamos la elección más grande de nuestra historia en un contexto en el que justamente estaba, ahora lo veremos, iniciando la tercera oleada de contagios.

Primero un dato, digámoslo así, cuantitativo, la elección del año pasado ha sido la elección más grande que hemos organizado en nuestra historia, sea por el número de potenciales votantes, más de 93 millones de potenciales electores, pero también, la más grande por el número de elecciones locales que concurrieron con la elección federal y, por lo tanto, el número de cargos que estaban en disputa en la elección de junio del año pasado.

En todo el país hubo elecciones federales, por supuesto, en todo el país hubo al menos, en todos los estados hubo al menos una elección de tipo local y un dato a relevar es que no es solamente ese contexto el de las elecciones en donde los protocolos sanitarios que tuvimos que instrumentar y las acciones, las políticas públicas en materia sanitaria que tuvimos que aplicar.

Recuerden que en un año el INE hoy estaba involucrado en tres procesos electorales, cosa que nunca había ocurrido, federales, nacionales, cosa que nunca había ocurrido en la historia, hablo de las elecciones de junio de 2021, un par de meses después tuvimos que realizar la primera Consulta Popular, el 1° de agosto del año pasado, y hace algunos meses, el 10 de abril, tuvimos que realizar la primera consulta de Revocación de Mandato.

Todos estos procesos en el contexto de una emergencia sanitaria que fue declarada hace dos años por el Consejo General de Salubridad, por cierto, institución constitucional que debe regir la pandemia y que no ha vuelto a reunirse desde entonces, así que la emergencia, las funciones de emergencia siguen vigentes en nuestro país.

¿Cómo enfrentamos esto?, pues a partir de tres ejes fundamentales: el primero, ya lo mencionaba, es la experiencia internacional, la identificación de buenas prácticas y, por supuesto, de las prácticas riesgosas, el caso de la elección en República Dominicana hace dos años es un buen ejemplo de lo que no hay que hacer.

Claro, ahí no podían posponerlas, tuvieron que hacerla en la primera oleada, pero si uno observa la evolución de las curvas de contagio, la Jornada Electoral se convirtió en un momento de inflexión en donde la curva se disparó hacia arriba. Insisto, primer lugar la experiencia internacional.

En segundo lugar, recuerden que en 2020, el primer año de la pandemia nosotros teníamos que organizar dos elecciones locales, en Hidalgo y en Coahuila, que son elecciones sin duda menores, bueno, entre comillas en un país como éste, porque significaban elecciones con una participación de cinco millones de electores que fueron, en un primer momento, pospuestas, primer gran dilema constitucional, posponer o no elecciones; las recomendaciones internacionales plantean que si esto tiene que hacerse tiene que haber un gran consenso político y una base jurídica que lo sustente para no poner en crisis la democracia, pero que al final, en agosto del, perdón, en octubre del 2020 fueron realizadas sin mayores contratiempos.

Esas fueron las elecciones en donde pudimos, por primera vez, poner a prueba los protocolos sanitarios que habíamos ido diseñando como una especie, digamos, de primera etapa, de banco de pruebas de la gran cita electoral de junio del año pasado.

Y el tercer gran eje que ahora estamos en vías de publicación como un buen ejemplo de política pública en materia sanitaria, fue la definición de estos protocolos que no fue una decisión meramente administrativa del INE, sino que recurrió a los expertos, algo que parece elemental y sencillo, pero que en los hechos hoy se demuestra una práctica extraordinaria e inédita, al menos en México.

¿Qué fue lo que hicimos?, bueno, yo tengo un doctorado en la Universidad de Turín y estoy muy orgulloso del mismo, pero no me atrevería a recetar una aspirina con base en ese doctorado, así que, dado que estamos ante un problema sanitario, lo que hay que hacer es recurrir a los expertos.

El INE conformó un grupo honorario de cinco grandes, de cinco reconocidos expertos en materia sanitaria y epidemiológica, salud pública y epidemiológica, que son el Director del Instituto Nacional de Nutrición, el hospital público más importante del país; el Director de la Facultad de Medicina de la UNAM; la Directora del Instituto de Biomédicas de la UNAM, que formó parte del clúster que identificó el RNA del virus, del clúster internacional; la Exdirectora de la de la División de Epidemiología del Instituto Nacional de Salud Pública; y uno de los más afamados epidemiólogos, que fue el responsable, por cierto, de conducir la política de biológica del país en 2009 cuando tuvimos el virus de AHN1N1, la gripe aviar.

Ellos son los que nos dijeron, los que nos avalaron los protocolos, los que nos dijeron qué hacer, los que me dijeron cómo abrir, por cierto, todavía hoy, después de dos años son ellos los que están dirigiendo la política sanitaria del Instituto.

En segundo lugar, se creó un grupo en el que no participamos los consejeros electorales, un grupo ejecutivo para instrumentar esos protocolos.

Y, en tercer lugar, una serie de 23 protocolos que, desde protocolos para normar el funcionamiento de los Módulos de Atención Ciudadana, en donde se expide la credencial para votar y se registran a los electores, hasta el funcionamiento de las propias casillas. No me detengo a hablar de estos 23 protocolos, en específico los remito a la presentación que aquí dejo, algunas de las recomendaciones son recomendaciones obvias, como restringir el número de ciudadanos que están presentes simultáneamente dentro del centro de votación, mantener sana distancia, medidas de higiene dentro de las propias mesas de votación, etcétera.

Me detengo más bien en esto para acercarme al final.

Es la mejor prueba de que las medidas que se tomaron fueron medidas efectivas y eficaces.

Como pueden ver en esta gráfica, ahí quedan con claridad las cuatro grandes oleadas de contagio que se han tenido desde que se declaró la emergencia sanitaria, pero en el recuadro, en la lupa, pueden ver cómo la elección se llevó a cabo justo 3 semanas después de que habían iniciado, en términos ascendentes, la curva de contagios; es decir, la tercera oleada de contagios comenzó el 6-perdón-el el 16 de mayo- es decir tres semanas antes de las elecciones el 6 de junio.

La curva venía hacia arriba, pero si uno observa la evolución en las tres semanas posteriores puede observar que la curva, si bien mantiene su lógica ascendente, pero ya veníamos ahí, no se altera, lo cual es la mejor prueba de que los protocolos qué se instrumentaron en las elecciones fueron positivos. Vaya, hasta el Presidente de la República usó la mascarilla para poder entrar a votar como lo establecían los protocolos sanitarios, si no lo hubiera hecho no lo habíamos dejado votar, como las demás personas, por cierto.

Bueno, las conclusiones son, a pesar de la pandemia y tratándose de elecciones intermedias, estás han sido las elecciones con el mayor índice de participación ciudadana, un casi 53 por ciento, para ser una elección intermedia no es menor, con lo cual se convierten en las elecciones, eso, de tipo intermedio, con mayor participación en lo que va del siglo.

No me detengo aquí, las misiones internacionales que observaron el proceso electoral hicieron un reconocimiento a los protocolos sanitarios, ahí hay frases que pueden después ustedes ver, revisando estos protocolos, la confianza en el Instituto se mantiene a pesar de, por ejemplo, perdón, bueno ahí están hay muchos ejemplos.

El INE hoy sigue siendo, a pesar, por cierto, de los recurrentes ataques desde el Gobierno, las descalificaciones desde los circuitos gubernamentales, sigue siendo la institución civil del Estado mexicano con mayor confianza pública, en porcentajes que van desde el 60 por ciento y, dependiendo, a veces hay caídas, pero bueno, las campañas de desprestigio desde el poder a veces hacen mella, pero estos no significa que hayamos disminuido por abajo del 60 por ciento.

Este es justamente una que se publicó el día de ayer, una de las últimas encuestas que nos tiene en 64 porciento de confianza.

Lo más importante es que la confianza ciudadana se traduce en un acompañamiento, sigue haciéndolo, el domingo vamos a elecciones y las cifras de aceptación que los ciudadanos tienen de participar en el INE como funcionarios de mesa son altísimas históricamente altas, lo cual es una un buen punto.

Terminó diciendo solamente los retos que creo que para las autoridades electorales trajo la pandemia, los enuncio solamente.

El primero es un reto comunicacional. Las autoridades electorales ya no solamente tenemos que tener una gran capacidad de idealidad técnica en la organización, hoy son tan importantes las oficinas de comunicación social, como las oficinas operativas, y eso hay que tomarlo en cuenta.

En tiempos de posverdad las narras de desinformación se combaten con narrativas de información, se trata de, se traducen con estrategias que oportuna y asertivamente pueden confrontar esa desinformación.

Segundo gran reto, es un reto operativo, evidentemente hacer elecciones en tiempos de pandemia incrementa costos, requiere de protocolos muy particulares, pero eso es prácticamente obvio.

El tercer reto es un reto de tipo político, la pandemia ha sido en muchas ocasiones utilizada y lo vemos sobre todo en América Latina como un pretexto para tratar de vulnerar la autonomía de los órganos electorales, y la defensa de la autonomía se convierte en una trinchera fundamental de defensa del Estado democrático de derecho.

Y, finalmente, retos tecnológicos. Si algo nos deja la pandemia es que hay que aprender a dejar de tener miedo a la tecnología y, eventualmente, digámoslo, sin ser presas de la misma sí utilizarla, domesticarla en clave democrática para que sea funcional a los procesos electorales.

(VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA INTERVENCIÓN DEL CONSEJERO PRESIDENTE DEL INE, LORENZO CÓRDOVA VIANELLO, EN LA MESA “LA PANDEMIA ¿UNA EMERGENCIA GLOBAL, RESPUESTAS NACIONALES?”, EN EL MARCO DEL SEMINARIO INTERNACIONAL DEMOCRACIA, ESTADO DE DERECHO Y COVID, REALIZADO EN EL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS DE LA UNAM)

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