Columnas

La región más transparente

“Una década sin Carlos Fuentes (1928-2012)”

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

Somos hijos de la Mancha, esto implica que nuestra lengua nos llegó del Reino de Castilla, ¡que fue impuesta bárbaramente!, a estas alturas qué más da, los siglos han pasado y lo hecho, hecho está. El castellano es la lengua que mayoritariamente hemos utilizado desde hace más de cuatro siglos, con ella vivimos la dominación española, con nuestra lengua hicimos la Independencia, promulgamos las leyes de reforma; con el castellano nos pusimos de acuerdo para enfrentar a los franceses y hacer respetar la República liberal-constitucional; con el lenguaje castellano se promulgó el famoso lema con el que Francisco I. Madero inició la Revolución mexicana: “Sufragio efectivo, no reelección”, y derivado de esa Revolución nació nuestra vigente Constitución.

Con el idioma español surgió nuestra literatura, digo nuestra, porque estoy pensando en “El Periquillo Sarniento” de Fernández de Lizardi, considerada la primera novela de América, y aunque cuando fue publicada no habíamos consumado la Independencia, ya estábamos puestos y dispuestos a lograrla. Los años pasaron y la literatura fue desarrollándose. El siglo XIX tiene nombres egregios, con exponentes soberbiamente independientes. Basta recordar a figuras de la talla de Don Andrés Quintana Roo, Vicente Riva palacio, Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano, Manuel Acuña, Amado Nervo… no obstante, el momento cumbre de nuestra literatura lo encontramos en el siglo XX, y particularmente con un nombre referente de las letras hispanoparlantes llamado Carlos Fuentes, de quien se recuerdan los diez años de su muerte.

La primera novela de Carlos Fuentes es “La Región más Transparente”, publicada en 1958. El autor, a los treinta años de edad, escribió una obra maestra que modificó e innovó la forma de narrar en lengua castellana, e incluso es considerada la iniciadora del movimiento denominado: “El Boom Latinoamericano”, punto de inflexión del cual provendrán a la postre: “La ciudad y los perros” de Mario Vargas Llosa, en 1963; “Rayuela” de Julio Cortázar, en 1963, y “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, en 1967.

Al pertenecer a esta estirpe de creaciones literarias, el lector debe saber que estamos ante una obra total, voluminosa, histórica, crítica, subversiva, compuesta por una gran cantidad de personajes, escenarios, voces, técnicas narrativas, donde el manejo de los tiempos históricos es atrapante y a todo esto hay que agregarle que el escenario central es la ciudad de México, y más que escenario, la ciudad se vuelve protagonista de la trama. En esta ciudad los personajes viven sus amores, penas, pobrezas, disfrutan sus riquezas, lamentan sus muertes, muchos viven de ilusiones, otros añoran el pasado, y si bien Carlos Fuentes en esta extraordinaria novela de medio siglo confirma el fracaso de la Revolución mexicana, la obra también representa un estudio de la mexicanidad, del eterno conflicto entre el pasado y el presente, conflicto innecesario, porque: ¿con rechazarlo o negarlo, dejaremos de ser lo que somos? Nos guste o no, somos hijos de la Mancha, somos una mezcla de sangre, de culturas, herederos de un lenguaje, esa es la realidad que hoy tenemos y debemos aceptar, conciliar y aprovechar. Sobre este punto Carlos Fuentes expresa a través del poeta Manuel Zamacona, uno de los personajes de “La región más transparente”, las siguientes reflexiones:

Quiero que todas esas sombras ya no nos quiten el sueño, quiero entender qué significó vestirse con plumas para ya no usarlas y ser yo, mi yo verdadero, sin plumas. No, no se trata de añorar nuestro pasado y regodearnos en él, sino de penetrar en el pasado, entenderlo, reducirlo a razón, cancelar lo muerto –que es lo estúpido, lo rencoroso –, rescatar lo vivo y saber, por fin, qué es México y que se puede hacer con él. Descubrir la totalidad de México a los mexicanos. Rescatar el pasado mexicano del olvido y de la mentira. El porfirismo, también de una manera implícita, pensó que un pueblo solo es feliz si sabe olvidar. De allí su mentira y su disfraz. Díaz y los científicos pensaron que era suficiente vestir a México con un traje confeccionado por Augusto Comte y meterlo en una mansión diseñada por Hausmann para que, de hecho, ingresáramos a Europa. La Revolución nos obligó a darnos cuenta de que todo el pasado mexicano era presente y que, si recordarlo era doloroso, con olvidarlo no lograríamos suprimir su vigencia.  –: Y expresamente, la Revolución, al recoger todos los hilos de la experiencia histórica de México, nos propuso metas muy claras: reforma agraria, organización del trabajo, educación popular, por sobre todas las cosas, superando el fracaso humano del liberalismo económico, anticipando el de los totalitarismos de derecha e izquierda, la necesidad de conciliar la libertad de la persona con la justicia social. La Revolución mexicana fue el primer gran movimiento popular de nuestro siglo que supo distinguir este problema básico: cómo asegurar la plena protección y desarrollo de lo comunitario sin herir la dignidad de la persona. El liberalismo económico sacrificó, en aras del individuo, a la sociedad y el Estado. El totalitarismo, en aras del Estado, sacrificó a la sociedad y al individuo. Frente a este problema universal, ¿no cree usted que México encontró un principio de solución en el movimiento de 1910-1917? ¿Por qué no lo desarrollamos? ¿Por qué nos quedamos con las soluciones a medias? No puedo pensar que el único resultado concreto de la Revolución mexicana haya sido la formación de una nueva casta privilegiada, la hegemonía económica de los Estados Unidos y la paralización de toda vida política interna.”

La acción central de la novela se desarrolla entre los años 1946-1956, años en que Miguel Alemán fue Presidente y los hijos de los revolucionarios se convirtieron en ricos, potentados empresarios, ejemplo de ello es el personaje Federico Robles, un hombre que nació en plena pobreza, sus padres eran peones en las haciendas de la familia Ovando (familia porfirista), y la Revolución le hizo “justicia”, porque a través de actos de corrupción y abuso del poder, Federico se convirtió en un poderoso banquero. Rodrigo Pola es uno de los protagonistas centrales, este joven nació en 1913, su padre Gervasio Pola combatió en las filas maderistas, fue apresado por Huerta, logró huir de prisión pero al poco tiempo fue detenido y fusilado.

Desde niño Rodrigo Pola sintió inclinación por la poesía, su madre Rosenda trabajaba todo el día para sacar adelante a su hijo, cuando Rosenda descubrió que su hijo estaba dedicándose a escribir, desilusionada, molesta, y desesperada, le recriminó su actitud, él le dijo que quería construir su destino, llevar una vida diferente. Rosenda le respondió que ellos no tenían destino, aspiraciones, sólo obligaciones. Rodrigo se enamorará de Norma, una joven guapa, de origines humilde, pero con muchas ambiciones y deseos de salir de la pobreza, aunque Norma al inicio correspondió a Rodrigo, con el transcurso de los años ya viviendo en la ciudad de México, conocerá al poderoso banquero Federico Robles y se casará con él. Con el paso de las páginas de esta voluminosa pero cautivante novela, todos los personajes se van relacionando, algunos triunfarán, otros fracasarán, empero, todos nos dejarán una enseñanza, una reflexión, y sobre todo, demostrarán que somos parte integrante de la región más transparente, que respiramos el mismo aire, que somos producto de un pasado, un devenir histórico, que: “Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire.”

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