Columnas

Migración: agenda bilateral

Raúl Contreras Bustamante

En unos días el presidente Andrés Manuel López Obrador hará una visita de Estado a su homólogo estadunidense Joe Biden. Se ha dicho que en el encuentro se tratarán algunos asuntos que fueron tema de la pasada Cumbre de las Américas, pero en especial el problema conjunto de la migración.

El éxodo es un fenómeno consustancial a la humanidad. A lo largo de la historia explica el surgimiento y evolución de la propia sociedad, pero es indudable que, a partir del siglo XX, las problemáticas planteadas por los flujos masivos de personas en todo el mundo se han acentuado. En la actualidad la migración es definida como el desplazamiento que realiza una persona o un grupo de personas para cambiar su lugar de residencia, ya sea de un país a otro, o dentro del mismo país.

Hoy debemos entender que México es un país muy activo en el origen, tránsito, destino y retorno de millones de personas.

Al ser un problema añejo e irresuelto entre México y Estados Unidos, los acuerdos migratorios que deberán concertarse entre ambos mandatarios adquieren un matiz de crudeza con motivo del más reciente hallazgo de un tráiler encontrado en Texas con más de 50 personas migrantes muertas, donde al parecer 27 de ellos eran mexicanos.

Se trata de un fenómeno muy complejo que presenta diferentes aristas. Una de ellas –sin duda– es la importancia del aspecto económico que representa el dinero enviado por nuestros connacionales en remesas, que alcanza año con año récords históricos. Tan sólo en 2021 se llegó a los 50 mil 537 millones de dólares, cifra superior a la de 39 mil 706 millones de dólares reportada en 2020.

Desde antes de su llegada a la Casa Blanca, el presidente Joe Biden prometió revertir muchas de las medidas migratorias impuestas por Donald Trump, pero lo cierto es que su proyecto de reforma –como era de esperarse– ha enfrentado férreas resistencias republicanas en el Congreso y, a más de un año de haber sido enviada, sigue sin aprobarse.

El fenómeno migratorio debe ser una prioridad para los gobiernos de ambos países, pues de los 47 millones de inmigrantes no nacidos en Estados Unidos, se estima que una cuarta parte son de origen mexicano. Por ello, lo dialogado entre ambos mandatarios será clave para el futuro de los países.

También debe verse que este fenómeno social representa grandes áreas de oportunidad; la migración puede traer beneficios tanto para quienes migran como para las sociedades que los ocupan, pues éstas se benefician al recibir personas capacitadas y con ello se aumenta su fuerza de trabajo.

Seguir manteniendo a la migración con oídos sordos y mirada ciega representará seguir propiciando grandes y graves violaciones a los derechos humanos de quienes tienen la necesidad de emigrar; es condenarlos a padecer discriminación, limitar su libertad y seguridad, poner en riesgo su vida, salud e integridad psicofísica.

La complejidad del fenómeno nos exige como país mirar de manera critica lo que sucede dentro de nuestras propias fronteras. Se debe aceptar que muchas de las violaciones a los derechos humanos que sufren los migrantes están relacionadas con la inseguridad en el trayecto y paso a su destino final que, en la mayor parte de los casos, es llegar a Estados Unidos.

México sigue teniendo una enorme deuda con sus migrantes, a quienes les ha fallado por no ofrecerles las condiciones necesarias para desarrollar un plan de vida digno en sus propias comunidades de origen, en su propia nación.

Como Corolario, las palabras de Kofi Annan: “Los migrantes enriquecen nuestras vidas. La tolerancia hacia ellos abrirá nuevos mundos y hará que sean bienvenidos dondequiera que vayan”.

(Excélsior 09 07 22)

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