Universidad

Tras la pandemia, universidades deben ser repensadas

Xalapa, Ver., 23 de septiembre de 2022.- Con la pandemia y el traslado forzado a la educación virtual, se puso en evidencia que las instituciones de educación superior tienen un modelo exageradamente presencial, criticó Wietse de Vries Meijer, profesor-investigador del Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégico (ICGDE) de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), y destacó la utilidad de implementar un modelo híbrido.

Ésta fue una de las disertaciones que se dieron en la mesa 4 “Los estudiantes y sus interacciones durante y después de la pandemia”, la última del Coloquio “La universidad pública frente a su actual momento histórico”, al que convocó la Junta de Gobierno (JG) de la Universidad Veracruzana (UV), a propósito de su 25 aniversario y se desarrolló del miércoles 21 al viernes 23 de septiembre, en el Auditorio “Alfonso Medellín Zenil” del Museo de Antropología de Xalapa.

La moderación estuvo a cargo de Alfredo Sánchez Castañeda, académico adscrito al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en calidad de integrante de la JG. Él planteó cuatro ejes en forma de preguntas, que dieron pie al diálogo y reflexión.

¿Qué huellas dejó en la salud personal y en la formación subjetiva e intelectual de los estudiantes la experiencia de educación durante la pandemia?; ¿Las universidades están regresando a sus mismo rituales y esquemas de convivencia y formación?; ¿Está siendo posible recuperar las experiencias de lo vivido por los jóvenes estudiantes, para ayudar a reorganizar la vida universitaria?; y ¿Las experiencias que han vivido los jóvenes, respecto a las tecnologías digitales, pueden contribuir como un recurso que lleve a repensar desde la administración académica la universidad que se desea?

En ese tenor y a propósito de la “exagerada” presencialidad en la universidad, Wietse de Vries hizo una comparación: un estudiante de un programa de licenciatura de la BUAP tiene que cursar 50 materias para lograr el título universitario, lo cual es abismal con el sistema estadounidense o europeo, donde ronda en las 15 materias.

“En el caso mexicano, algunas de esas materias son remediales y otro buen tanto son materias sin remedio, no tienen sentido. Esas sinergias no las hemos cambiado para nada. Estamos volviendo a lo mismo. Nadie cuestiona el modelo académico de la universidad pública mexicana.”

Ana María Valle Vázquez, profesora de Filosofía de la Educación, del Seminario Tecnología y Violencia, así como del Seminario Educación y Biopolítica entre Tecnología y Salud, en el Colegio de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM, tocó varios elementos.

Habló de que la pandemia puso en evidencia la sensibilidad ante la muerte y la realidad, y la importancia del cuidado propio para así poder apoyar al de junto, en su caso, al estudiantado; también citó el cansancio ante la exigencia del rendimiento.

“Con lo que vivimos en la pandemia nos dimos cuenta de la poca experiencia docente que tenemos, que no es lo mismo que la práctica docente”, dijo más adelante; la cualidad de aquella versa en “enfrentar lo inesperado, el riesgo, asumir que en cualquier momento puede pasar algo –como los terremotos, para los que vivimos en la Ciudad de México–.”

Más allá de la transmisión de datos a la comunidad universitaria, es necesario que la comunidad académica se pregunte qué pueden dar que no proporcionen los algoritmos y las plataformas virtuales, repuesta que enfatizó al momento: la formación, “¡la vida!”.

Marco Antonio Jiménez García, profesor de Filosofía de la Cultura, Sociología de la Cultura, Biopolítica y Filosofía de la Técnica en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán (FES-Acatlán) de la UNAM, entre los tantos puntos que puso sobre mesa señaló que no están “desechando” la educación presencial, sin embargo, debe darse la conversión porque la tecnología nos está rebasando.

“Yo a veces siento muy cansados y agotados a los estudiantes, muy desesperados, como que no le ven mucho sentido a esto –quisiera ser adivino y pensar que a lo mejor se va a dar, en unos cuantos meses, un gran movimiento estudiantil como el de 1968–.

”Lo que sí puedo ver es que la universidad representa para ellos una ilusión, una fantasía, la posibilidad de convivir con alguien, de cambiar su vida. Eso es lo que han hecho las universidades. ¿Cuántos de nosotros no estaríamos en otra situación si no hubiéramos pasado por la universidad?”

Para él, no debe perderse de vista que la universidad es el espacio de la transformación. Los tres ponentes destacaron la importancia de la presencialidad, por ello la propuesta de una modalidad híbrida, pues es vital la vida cultural y social que generan estas instituciones.

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