Columnas

La iglesia escucha la palabra de Dios

P. José Manuel Suazo Reyes.

En este mes de la Biblia se han estado llevando a cabo diversas iniciativas de estudio y oración de tipo bíblico en las comunidades parroquiales y entre los distintos grupos eclesiales de nuestra Arquidiócesis de Xalapa. Estas iniciativas nos ayudan a conocer, profundizar y amar más la Palabra de Dios. De esa manera, el encuentro con la Palabra nos lleva el encuentro con Jesucristo la Palabra de Dios hecha carne.

Debemos tener presente que la espiritualidad bíblica es una espiritualidad de la escucha atenta de la Palabra de Dios que se vive en lo cotidiano. En la Biblia, cuando Dios habla a su pueblo le pide que lo escuche; “Shemá Israel” (escucha Israel), es la constante invitación de parte de Dios en el Antiguo Testamento (Dt 6,4). En el Nuevo Testamento, esta exhortación aparece en la voz del Padre que invita a escuchar a su hijo amado: “Este es mi hijo muy amado, escúchenlo” (Mc 9, 7) y en labios del propio Jesús al señalar el camino sapiencial: “El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre sabio que construye su casa sobre roca (Cfr. Mt 7,21). Por lo tanto escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica es la actitud cristiana por excelencia.

Escuchar la Palabra de Dios es el camino que conduce a la salvación. La escucha es una actitud interior que abre los oídos y lleva el mensaje al corazón, toca el interior y mueve a la conversión. Esa fue la actitud de los patriarcas, de algunos reyes, de los profetas y de los sabios de Israel, así como el de los discípulos de Cristo. Por el contrario, quien no escucha y se obstina en sus pensamientos, es el necio que construye sobre arena, cierra las puertas y los oídos al proyecto de Dios, se enreda en sus propios razonamientos y termina autodestruyéndose.

La Iglesia escucha continuamente la Palabra de Dios sea cuando celebra los sacramentos, especialmente en la Santa Eucaristía, como también cuando ora, medita y profundiza esa Palabra que Dios nos ha entregado por medio de su hijo Jesús. De la escucha de la Palabra de Dios, viene la fe, llega la salvación y gracias a esa escucha la Iglesia se convierte en sacramento de Cristo en el mundo. La Iglesia para cumplir su misión evangelizadora debe escuchar y estar al servicio de la Palabra de Dios.

Dios se ha comunicado con su pueblo por medio de su Palabra. Así lo expresa el apóstol Pablo “de muchas maneras Dios habló en el pasado, ahora nos ha hablado por medio de su Hijo Jesús (Heb 1, 1). La Palabra de Dios es la lámpara que guía nuestros pasos e ilumina nuestro sendero. Quien la escucha tiene la posibilidad de arrepentirse y entrar en la dinámica de la conversión. Al final del relato del rico que banqueteaba espléndidamente y del mendigo llagado que yacía a la entrada de su casa, el camino para convertirse y poder llegar al “seno de Abraham” es la escucha de la Palabra de Dios y la puesta en práctica de sus enseñanzas: “Tienen a Moisés y los profetas; que los escuchen” (cfr. Lc 16,19-31).

En la Palabra de Dios encontramos todo lo que necesitamos para la salvación, sólo es preciso escucharla y ponerla en práctica. La palabra de Dios produce todo esto porque es una palabra creadora que renueva al mundo constantemente. Esta misma palabra es la que, en la actualidad, sigue avivando el mundo, y sigue creando en cada uno realidades nuevas y desafiantes; abre nuevos horizontes, nuevas maneras vivas y fecundas, frescas y honestas en las que el reinado de Dios se sigue haciendo presente en favor de los que sufren.

Sólo Dios tiene Palabras de vida eterna como lo confiesa el apóstol Pedro en el evangelio; esa es la convicción de cada cristiano que hoy en día está siendo también bombardeado todos los días por otras palabras que lejos de darle vida o conducirlo a la verdad y a la unidad, más bien le están robando sus esperanzas, lo dividen y lo llenan de resentimientos.

Que la escucha de la Palabra de Dios alimente nuestro interior, nos renueve en la esperanza y nos ilumine para que vivamos siempre como hermanos y trabajemos por la paz.

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