Columnas

La falta de información da paso a la especulación

Por: Zaira Rosas

zairosas.22@gmail.com

México ha vivido una ola de intoxicaciones en jóvenes, principalmente en el estado de Chiapas, donde los afectados fueron más de 100 estudiantes que presentaron síntomas como mareo, náuseas, desmayo, dificultades para respirar e incluso caer en estado de coma. A casi un mes de que comenzaran a hospitalizarse a jóvenes provenientes de diversos centros escolares, las autoridades aún no han dado respuesta de qué ocasionó estos daños a la salud, por lo que las especulaciones siguen incrementando.

Chiapas ha tenido alertas en distintos puntos, la sintomatología de los jóvenes y algunos estudios que padres realizaron de manera particular, apuntan que la intoxicación se debió al consumo de drogas, sin embargo, la investigación oficial continúa y siguen sin confirmar o descartar dicha teoría.

De manera casi simultánea alrededor de 40 estudiantes de una secundaria en Álamo, Veracruz, también fueron hospitalizados debido a una fuerte intoxicación, aún se esperan reportes oficiales, mientras las narraciones de los jóvenes van relacionadas con el uso de algún gas volátil.

Aunque las causas puedan ser diversas, están evidenciando una necesidad urgente de atención por parte de padres de familia con sus hijos y también de las autoridades, pues el punto más seguro después del hogar para las infancias y juventudes debería ser la escuela, un espacio que se está viendo violentado sin que hasta ahora funcionen medidas pertinentes.

Las instituciones educativas establecen operativos de revisión para evitar que se introduzcan sustancias nocivas, pese a ello las estrategias de distribución de drogas son cada vez más elaboradas. De los más de 100 estudiantes hospitalizados en Bochil, algunos narran cómo sus compañeros al detectar un posible operativo, se deshicieron de polvos y pastillas que suelen guardar incluso en lo que podrían parecer compresas sanitarias. 

Aunado a lo anterior algunos ingresan la droga en alimentos preparados como brownies con marihuana, cuyo consumo sin conocimiento de los efectos puede ser altamente nocivo para la salud. También se han presentado casos de dulces adulterados y la teoría más compartida hasta el momento, respecto a la intoxicación masiva, ha sido que el agua que consumieron los estudiantes afectados fue adulterada con una sustancia desconocida. 

Diversas problemáticas se suman a los problemas de salud, la pobreza de las zonas vuelve más vulnerables a jóvenes quienes son un blanco fácil para el crimen organizado, ya sea por manipulación o extorsión, cada vez es más frecuente ver que sean utilizados como vendedores o hasta sicarios, la preocupación de que las drogas lleguen a espacios como las escuelas es creciente, pero también quedan pendientes las secuelas de estos incidentes que además de los padecimientos físicos que perduran han dejado graves trastornos psicológicos como ansiedad y pánico.

Las intoxicaciones aún sin saber la razón, son sólo una pieza de un rompecabezas mayor, donde se vuelve urgente tomar medidas más estrictas en las escuelas y el hogar, es indispensable fomentar lazos de confianza, unión y solidaridad entre todos los miembros de las comunidades. Estos hechos nos invitan a replantear formas de vida, donde los vínculos recobren su fortaleza y se proteja brindando información clara a los jóvenes de qué podrían estar consumiendo, las terribles consecuencias de inmiscuirse en el consumo o distribución de drogas y sobre todo que tengan cerca otras posibilidades de crecimiento y desarrollo que les motiven más que sumarse a las filas del crimen organizado. 

Categorías:Columnas, Zaira Rosas

Etiquetado como: