Columnas

Doctorado honoris causa

Corolario.

Raúl Contreras Bustamante

Hay momentos en la vida de las naciones como en la de las instituciones que están llamados a quedar grabados en la posteridad. Para la UNAM, uno de estos instantes tuvo lugar esta semana, con la entrega de doce doctorados Honoris Causa.

Se trata de un grado conferido por el Consejo Universitario —a propuesta del rector— a profesores o investigadores —mexicanos o extranjeros— con méritos excepcionales por sus contribuciones a la docencia, las ciencias, las artes o las letras; o bien, a quienes hayan realizado una labor de extraordinario valor para el mejoramiento de las condiciones de vida o el bienestar de la humanidad.

Destaco el que fue concedido al doctor Ricardo Rivero Ortega, rector de la Universidad de Salamanca, España, quien fue nominado por la Facultad de Derecho.

El doctor Rivero es experto en regulación económica, catedrático titular de derecho administrativo. Es un escritor fecundo que goza de amplia reputación internacional. En los años 2019 y 2020 figuró entre las 25 personas más influyentes en España en el área de educación y una de las 500 personas mas influyentes de todo su país.

La función de Ricardo Rivero Ortegacomo educador ha sido una voz crítica en tiempos en que la indiferencia y la falta del compromiso parecen seducir a muchos miembros de la Academia.

Se reconoció al mismo tiempo a la Universidad de Salamanca, España —referente del conocimiento en el mundo entero, con más de ocho siglos de existir—; ya que la vida de esa institución y la Universidad Nacional Autónoma de México tienen vínculos de honda raigambre en el tiempo.

Mediante la cédula expedida por Carlos V —el 21 de septiembre de 1551— se ordenó que: “Se fundara en la capital del virreinato de la Nueva España una universidad donde los naturales y los hijos de los españoles fuesen formados y les concedieran los privilegios, franquezas y libertades que tenía la Universidad de Salamanca”.

Así, la Real Universidad de México se inauguró el 25 de enero de 1553 y fue creada con siete cátedras. Las primeras en funcionar fueron las Facultades de Cánones y de Leyes.

Como parte de las responsabilidades que el grado confiere, el galardonado impartió una conferencia magistral en la Facultad de Derecho, ante un auditorio pletórico de jóvenes, a la que asistieron como testigos de honor la doctora Rigoberta Menchú, el doctor Sergio García Ramírez, así como el doctor Jorge Fernández Ruiz.

En su ponencia, Rivero Ortega planteó que justo hoy que la humanidad ha alcanzado los 8 mil millones de personas, tenemos los juristas la necesidad de desarrollar a plenitud el “derecho humano al futuro”, que tutele a las futuras generaciones a vivir con dignidad en un planeta habitable y sustentable.

Porque las futuras generaciones —que aun sin haber nacido— encontrarán su futuro comprometido debido a la falta de conciencia de los gobiernos, empresas y la población en general, en cuestiones económicas, sociales como la falta de educación suficiente y sobre todo en temas medioambientales.

En la sesión solemne celebrada en el Palacio de Minería, el rector de Salamanca tuvo la alta distinción de dirigir el mensaje en representación de los galardonados extranjeros. Derivado de su intervención, rescato su convicción sobre la importancia de fortalecer los puentes académicos entre Europa y América Latina, para que las universidades sigan siempre siendo espacios del estudio para transformar el entorno, lograr la verdad y la justicia esenciales para la humanidad.

Como Corolario, las palabras de Ricardo Rivero: “La universidad es el reservorio de la democracia: su lugar salvador, su santuario permanente, el espacio de la reflexión crítica y la disidencia”.

(Excélsior 19 11 22)

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