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Le bajan a la deuda, pero sigue siendo muy elevada

Arturo Reyes Isidoro

En el gobierno, en las administraciones priistas, una consigna no escrita era que con el de la lana (se usaba ese término) no había que pelearse, nunca.

Aludía a que con el Tesorero General del Estado, que después devino en Secretario de Finanzas y Planeación, no había que entrar en disputa, por ningún motivo. 

Era una advertencia sabida, pero necesaria, porque de por medio estaba la asignación presupuestal y, sobre todo, el fluido de recursos. Con dinero baila el perro, dice un conocido refrán.

A los tesoreros en su tiempo, después secretarios de Finanzas, se les ha considerado siempre técnicos, no políticos, porque con la batalla con los números y las cifras, para un estado tan grande y complejo, ya tienen suficiente como para andar en la grilla.

Sin embargo, administrar en forma eficiente los recursos públicos y ofrecer buenos, o los mejores resultados, también es una forma de hacer política. Eso creo. 

Como en aquellos tiempos, ¿sigue siendo poderosa, casi intocable, la figura del titular de Finanzas? ¿Qué diría al respecto el joven licenciado en Economía y maestro en Finanzas, José Luis Lima Franco?

O, en todo caso, ¿qué dirían los funcionarios de la administración de Cuitláhuac García Jiménez? ¿Se han atrevido a jalarle los bigotes al tigre sin recibir ningún zarpazo?

La comparecencia, ayer, del pozarricense ante la diputación local para glosar el cuarto informe de gobierno por lo que hace al área a su cargo, me ha movido a los comentarios iniciales. 

Sin ser ruidoso ni ostentoso ha sido y es hombre clave en el gobierno cuitlahuista. Figura polémica por necesidad, por la delicada materia bajo su responsabilidad, le ha entregado resultados, buenos resultados, a su jefe y está convertido en un pilar de esta administración.

Lima Franco hace recordar a Tomás Ruiz

Su figura siempre me recuerda a un antecesor suyo, por el papel que le tocó desempeñar: Tomás Ruiz González, oriundo de Coatzacoalcos, creador del SAT en 1997 y funcionario en altos cargos del Gobierno Federal, lo mismo con priistas que con panistas. 

Llegó como secretario de Finanzas en el gobierno de Javier Duarte, en contra de la opinión del gobernador saliente Fidel Herrera Beltrán. 

Antes se asumir el cargo, durante muchos meses se ocupó en planear el rescate financiero del gobierno del estado, que heredaba una deuda de 25 mil millones de pesos de la administración fidelista, una cifra escandalosa que no tenía precedentes.

Cómo recuerdo cuando Tomás por fin logró hallarle la cuadratura al círculo para sacar adelante las finanzas del estado. Para celebrarlo, me invitó a tomar café con él en su oficina de la Sefiplan. Me platicó, me explicó y me mostró documentos del trabajo de ingeniería financiera que había hecho. 

Su estrategia tenía como base reducir el gasto de operación de las dependencias. Tenía muy claro la gravedad de la situación y que si no se actuaba a tiempo se entraría en una crisis de pagos, como terminó ocurriendo. Renunció en marzo de 2013.

Por supuesto que no conocía a Duarte, ni sabía la ambición que tenía este por disponer de los recursos públicos para provecho personal. En los primeros dos años todo marchó como lo tenía planeado, hasta que un día le llevaron documentos para que los firmara, de dinero que, sin informarle, Duarte había dispuesto y que incondicionales que tenía en Finanzas habían sustraído como unos verdaderos ladrones.

La historia es larga y rica en detalles (algunos ya los he consignado y comentado en esta columna), pero a lo que quiero llegar ahora es que si el gordo Duarte se hubiera apegado a la disciplina financiera que había trazado Ruiz González, nunca se hubiera llegado a la grave crisis cuyas consecuencias persisten y vivimos y pagamos todos los veracruzanos.

Heredó el desastre de Duarte

Lima Franco heredó el desastre, que Miguel Ángel Yunes Linares dejó intacto en sus dos años de gobierno. Que yo recuerde, nunca ha negado que existe una deuda exorbitante, aunque sí se resiste a aceptar que el gobierno al que sirve ha aumentado la deuda. 

Ayer volvió a citar lo que ya ha informado en otras ocasiones: al inicio de la administración la deuda que heredó el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez fue de 87 mil 207 millones 200 mil pesos. Hoy es de 74 mil 159 millones 100 mil pesos, o sea, se ha logrado reducir en más de 13 mil 048 millones de pesos.

Por supuesto, las cifras no son como para celebrarse porque gravitan negativamente sobre los intereses de los veracruzanos, aunque para efectos del titular de la Sefiplan es entendible que sean motivo de destacarse, ya que aparte de que hablan de una disminución, lo más importante es que denotan estabilidad, una deuda controlada que, después de lo que hizo y dejó Duarte, ya es ganancia.

Pero esa es la triste realidad, una carga financiera que se le heredará a la próxima administración y que todos los veracruzanos seguiremos cargando y pagando, motivo suficiente para pedir que Duarte pague hasta sus últimas consecuencias por lo menos con más años de cárcel si no se le pueden decomisar bienes que tenga a nombre de familiares, socios, prestanombres y cómplices.

Pero si mucho del éxito, dentro de la gravedad de la situación, es de Lima Franco, tampoco habría que restarle méritos a Cuitláhuac, porque, a diferencia de Duarte, no ha roto, que se sepa, la disciplina financiera trazada. Administran la escasez y han logrado y mantienen las fortalezas de instituciones como el IPE, que lograron rescatar en coordinación con su directora general Daniela Griego Ceballos, y cuya reserva financiera se ha fortalecido.

Ya no se puede esperar más de lo que se ha hecho

Quisiéramos estar mejor, pero creo que ya no podemos esperar más de esta administración, que entra en su último tercio. Si no nos dan o nos dan más, que no nos quiten más. Para el efecto, debemos mantenernos vigilantes y exigentes con el buen manejo de nuestros recursos.

En su comparecencia de ayer, Lima reiteró que cumplirán el compromiso de pagar el 15 de diciembre a los 51 mil maestros de la nómina estatal los 700 millones de pesos que importan el incremento que comprometió el presidente para quienes ganan menos de 20 mil pesos mensuales, más un bono, más los aguinaldos. Una fuente totalmente confiable para mí, de la Secretaría de Educación estatal, me confirmó que, en efecto, se cumplirá. Si ese día vemos a los mentores que caminan de lado, es que llevarán la bolsa llena. Que así sea. 

Fue cauto, en cambio, con otro tema candente: el del recorte y no pago de aumento al presupuesto de la Universidad Veracruzana. Pero, aunque volvió a sus argumentos para justificar su decisión, de todos modos dejó abierta la posibilidad de que sean los diputados locales, quienes tendrán que revisar y aprobar el presupuesto del gobierno del estado para 2023, los que digan la última palabra.

¿Solo técnico, pero no político? 

José Luis Lima Franco tiene su corazoncito político, cómo no, y por supuesto que tiene aspiración también por la gubernatura. Para la contienda del 24 hará todo lo que tenga que hacer para tratar de escalar, aunque cuando ha platicado con personas a las que les tiene confianza les dice que barbecha el terreno para sembrar y cosechar en 2030.

Es hombre de confianza cercano al gobernador Cuitláhuac García Jiménez, de quien es amigo desde que ambos se encontraron en Europa estudiando, uno en Manchester, Inglaterra, el otro en Alemania, y sin hacer ruido se mueve por todo el estado participando en actividades propias de su área con diversos actores de la vida pública de Veracruz.

En lo que va de este siglo, es el único secretario de Finanzas que se ha mantenido más tiempo en el cargo y no necesita montar ningún circo para hacerse notar, como lo hizo el secretario de Gobierno, Eric Cisneros, durante su comparecencia.

Anilú lo cuestionó

Ayer aguantó vara y escuchó con respeto cuestionamientos de la diputada local del PRI, Anilú Ingram Vallines. Ella le preguntó sobre la desaparición de 300 millones de pesos del Gobierno del Estado, luego de que en junio quebrara Accendo, institución bancaria en la que la administración estatal morenista tenía depositada dicha cantidad. “300 millones de pesos del Gobierno del Estado, dinero que se mandó a la Secretaría de Salud, sin embargo, eso no aparece en la Cuenta Pública”.

Le respondió que no hay certeza sobre si la Secretaría de Salud, a través de los Servicios de Salud de Veracruz (SESVER), recuperará el dinero. Dijo que Accendo era un banco regulado, certificado y validado por el Gobierno federal, pero que cayó en un problema de capitalización y por ello SESVER está en un proceso legal para la recuperación. 

«Lo que nos toca como Secretaría de Finanzas es darle seguimiento a través de la Secretaría de Hacienda y esperamos los tiempos legales para que el Estado pueda recuperar esos recursos».

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