Columnas

Personas vulnerables

Corolario.

Raúl Contreras Bustamante

Lograr la igualdad de las personas frente al derecho ha constituido una lucha incesante para combatir las injusticias que han azotado a muchos grupos y personas a lo largo de la historia de la humanidad debido a la discriminación.

Para tratar de estudiar e identificar este aspecto en la actualidad, esta semana se llevó a cabo el V Congreso Internacional de Derecho UBA-UNAM en la ciudad de Buenos Aires, que tuvo como tema de trabajo El derecho de los sectores y personas vulnerables.

Bajo el auspicio de las facultades de Derecho de estas dos macro universidades, el encuentro organizado por el decano Leandro Vergara y el notable jurista Osvaldo Gozaíni convocó a una pléyade de personalidades expertas en el tema provenientes de Argentina y México, así como de Brasil, Perú y Paraguay.

En representación de nuestro país acudieron los doctores Mónica González ContróFernando Flores Trejo, don Sergio García Ramírez —quien además fue galardonado con la distinción Honoris Causa de esa universidad— y quien esto escribe.

Una primera cuestión que se trató —y logró consenso— fue la de entender a la vulnerabilidad como una situación o estado jurídico. Esto implica no aceptar la idea de que hay grupos o personas vulnerables por su propia condición social, racial, sexual o cualquier otra, sino porque están siendo vulnerados por la sociedad y las leyes.

Se expresó que la vulnerabilidad depende de las condiciones del entorno. Es decir, no se trata de “ser” o “pertenecer” a un grupo frágil, sino de “estar” expuestos a condiciones o circunstancias que exponen a cuestiones discriminatorias o de minusvalía.

Se analizaron los avances contenidos en los textos constitucionales, los tratados internacionales y la jurisprudencia de la CIDH, llegando a la conclusión de que el sólo reconocimiento a los derechos humanos no cesa la vulnerabilidad.

La observancia y respeto de las normas convencionales es fundamental —y obligatoria para todos los Estados que han suscrito los tratados— puesto que contribuyen al enriquecimiento del derecho interno de los países, pero es indispensable lograr un cambio cultural que combata los estereotipos discriminadores que propician la debilidad y el desvaloramiento de personas y grupos sociales.

Se destacó la importancia de la educación para luchar contra el flagelo de la segregación. Se aceptó que de poco o nada sirve concebir tantos derechos y garantías constitucionales y convencionales si las mayorías sociales aún carecen de elementos formativos que les permitan entender, acceder, ejercer y defenderlos.

Porque entre otras cosas, el analfabetismo y la falta de educación de calidad impiden el ejercicio pleno de los derechos y la toma libre de decisiones; esto es, en síntesis, el acceso a una vida digna.

La “interseccionalidad” de las condiciones del entorno y su efecto en agravar la vulnerabilidad de personas o grupos, fue otro aspecto referido y analizado. Es decir, la confluencia de factores que por sí solos afectan la igualdad social; por ejemplo: una mujer, analfabeta, indígena y anciana, encarnará condiciones que harán mucho más grave su situación de vulnerabilidad.

Especial estudio mereció el análisis de los niños, niñas y adolescentes, la mujer, adultos mayores y las comunidades indígenas. Y en su conferencia magistral, el Honoris doctor Sergio García Ramírez destacó la ausencia de énfasis en la situación que padecen los migrantes y desplazados, quedando como un pendiente para la próxima reunión de trabajo.

Como Corolario, una conclusión de estos trabajos: La suma de grupos y personas en situación de vulnerabilidad, demuestra que son las grandes mayorías de la sociedad las que padecen alguna forma de discriminación.

(Excélsior 03 12 22)

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