Columnas

Centenario del Ulises de James Joyce. (IV)

“Novela compleja, exigente, pero, genial.”

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

El inmortal personaje llamado Penélope lo conocemos mediante la “La Odisea” de Homero. Cuando pensamos en Penélope vienen a nuestras mentes conceptos como lealtad, fidelidad, belleza, astucia, firmeza…sabemos que Ulises estuvo veinte años fuera de su casa, de su reino. Diez años vivió guerreando contra los troyanos y diez años demoró su complicada travesía para regresar a Ítaca. Penélope siempre creyó que su esposo regresaría, esperó y soportó lo insoportable, empero, ella se mantuvo firme en la fidelidad hacia su esposo, y en la creencia de que su hombre retornaría, y al final, así fue. Estos míticos personajes son verdaderos héroes, ejemplos de carácter, moralidad, entereza…,no obstante, si bien los admiramos por sus grandes hazañas, nos resulta difícil identificarnos plenamente con ellos, nosotros somos más cercanos a un antihéroe, es decir, a un personaje que es como nosotros; comete errores, se equivoca constantemente, es infiel, duda, llora, pero, también va siempre para adelante, se repone de tantas caídas y vuelve a creer en él, vuelve a creer en el amor, se recupera y le sigue encontrando sentido a la vida, a los días, por un instante mata a la rutina y siente que por esos segundos vale la pena seguir adelante…esta actitud de los antihéroes ya tiene mucho de heroicidad, solo que muchas veces es despreciada porque carece de cierta moralidad, sin embargo, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, si meditamos con honestidad reconoceremos que todos somos unos antihéroes transgresores, y esto no es una tragedia, es parte de nuestra naturaleza humana, por eso seamos más comprensibles con nosotros mismos, no exijamos heroicidad en los actos humanos, con pedir esfuerzo y sinceridad ya es un acto de dignidad.

Si la Penélope griega es una mujer intachable, ideal, la Penélope irlandesa que nos presenta James Joyce en el Ulises, es una mujer infiel. Si Ulises demoró veinte años sin ver a su esposa y esta lo esperó firmemente, la Penélope irlandesa el 16 de junio de 1904 en unas cuantas horas donde su esposo Leopold salió de su casa, lo engañó con su amante llamado Boylan. Luego entonces, con la anterior descripción todo indicaría que la Penélope irlandesa es un símbolo de inmoralidad, deslealtad, bajeza…eso es lo que se puede pensar, creer. Cuando piensas con más calma y tranquilidad sobre la actitud de la Penélope irlandesa terminas no justificándola, pero si comprendiéndola, porque nosotros los hombres somos los modernos Leopold Bloom que incitamos y provocamos las deslealtades de las modernas Penélopes. Repito, no se trata de justificar, solo valientemente reflexionar. Tampoco se trata de culpar, solo deliberar y cambiar lo que podamos cambiar. Mejorar.

Quiero aclarar y recordar que el personaje femenino fundamental en la novela se llama Molly Bloom, quien es esposa de Leopold Bloom. Aquí la he nombrado como la Penélope irlandesa, parafraseando al poeta mexicano Jorge Ruiz Dueñas quien en un ensayo de su autoría la nombra como: “Penélope de Dublín”. James Joyce le otorga la voz a Molly Bloom en el famoso capítulo 18 de su gran novela. El lector que vaya a tener su primer acercamiento al Ulises, le anticipo que en este apartado Joyce no utilizó signos de puntuación, ni comas, aun así, la lectura es comprensible. Aquí nos encontramos con un largo soliloquio, de hecho, la novela está construida en gran parte por largas cavilaciones de los personajes.

Es impresionante como a través del pensamiento, sin utilizar la voz, podemos articular enormes reflexiones. Puede ser que por lo mismo estas reflexiones no sean uniformes, continuas unas con otras, y sobre esta actitud mental los invito a pensar. En el transcurso del día trabajamos, conversamos, compartimos experiencias, y hacemos un sinfín de actividades, lo interesante es que alrededor de todo lo que vivimos con el exterior, en nuestra mente no dejan de fluir ideas, sensaciones, sentimientos, algunas ideas muy claras, otras no tanto, y todo ese universo mental nos influye. El aprender a tener control de todo el río mental es fundamental para equilibrar nuestras vidas, reconozco que no es fácil, pero, no tenemos opción, o aprendemos a nadar para medio controlar nuestros destinos, o, nos dejamos llevar por la corriente e iremos a parar quien sabe dónde…

Leopond llegó a casa y se metió a la cama al lado de su esposa. Él sabe que ella lo engaña, y ella sabe que él en ese día acaba de tener un orgasmo y aquí empieza a pensar sobre las infidelidades de su marido. “Porque antes de ayer no más estaba garabateando algo en su carta cuando entré en la sala de la calle buscando los fósforos para mostrarle la muerte de Dignam en el diario como si algo me lo hubiera dicho y él tapó con el secante haciéndose el que meditaba en los negocios muy probablemente para alguna que se ha creído haber dado con un candidato porque todos se ponen un poquito así a su edad especialmente cuando se acercan a los cuarenta como él ahora para sonsacarle todo el dinero que pueden con zalamerías no hay tonto más tonto que el tonto viejo y después besando mi trasero como de costumbre para disimular no es que me importe dos cominos con quien lo hace o lo hizo antes aunque me gustaría averiguarlo mientras no los tenga a los dos bajo la nariz continuamente como con esa cochina que tuvimos en Ontario Terrace…” (Naturalmente la puntuación final es mía, porque el monólogo sigue y sigue.)

Molly es más joven que Leopold, se percibe que han vivido en un ambiente sino de pobreza si de austeridad, ella desea poder comprarse buena ropa, lucir mejor, e incluso, en una etapa de crisis su esposo le propuso que posara desnuda para una fotografía. Estas reflexiones nos van dando mayor información que nos hace comprender las actitudes de ambos personajes. Ambos se equivocan, ambos son infieles, ambos están insatisfechos, ambos sienten un vacío y tratan de llenarlo en la cama con diferentes amantes, la gran diferencia consiste que, en un mundo machista, Molly es la puta, la desleal, etc. y Lepold puede llegar a ser el mito positivo de don Juan, todo un conquistador, un seductor, un Casanova…

Molly sigue pensando y describe una actitud muy machista, salvaje, de la sexualidad varonil: “Sí porque él no puede seguramente abstenerse tanto tiempo entonces tiene que hacerlo en algún lado y la última vez que me lo acomodó en el trasero la noche que Boylan me dio un fuerte apretón en la mano caminando por el Tolka luego otro allí no hice más que apretar el reverso de la suya así como el pulgar para devolverle el apretón cantando la joven Luna de Mayo está destellando amor porque él barrunta algo de nosotros dos no es tan tonto dijo voy a comer fuera e iré al Gaiety…”

Sí, Leopold se va a la calle porque sabe que su mujer lo engaña y hay momentos que se nota que no regresa a casa porque tiene miedo de encontrarse con su amante. Cuando retorna y se mete a la cama se tapa con las sábanas que a los amantes recientemente cubrió. Molly empieza mentalmente a comparar los instantes de placeres que tiene con Boylan, y los malos ratos que pasa con su esposo: “Ahora a esta altura de su vida nada más es una ruina para cualquier mujer y ninguna satisfacción en ello pretender que me gusta hasta que él termina y después por mi parte me tengo que arreglar como pueda y se le ponen los labios pálidos…

En el artículo anterior narré que, en ese 16 de junio de 1904, Leopold Bloom se estaba masturbando en la playa al momento de contemplar la belleza de Gerty… en ese mismo día su esposa Molly vivía un intenso orgasmo con su joven amante Boylan. Esto nos muestra que ambos buscaban lo que habían perdido, hubo un tiempo que se amaron, se desearon, y las diversas circunstancias los distanció. Los dos se equivocaron, los dos son infieles, empero, diría el poeta Jorge Ruiz Dueñas: “Molly le fue infiel a Leopold, pero no desleal”. Porque ella cierra su largo monólogo pensando y sintiendo el momento cuando Leopold le pidió matrimonio: “…y yo primero lo rodeé con mis brazos sí y lo atraje hacia mí para que pudiera sentir mis senos todo perfume sí y su corazón golpeaba loco y sí yo dije quiero sí.”

Nunca todo está perdido, solo debemos reconocer que somos antihéroes, no héroes, y estos nos enseñará a perdonar y tratar de mejorar…

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