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Inicia AMLO el año con severa derrota: pierde la Corte

Arturo Reyes Isidoro

Aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador insistió en que la ministra Jasmín Esquivel no era su candidata a presidir la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la impresión que quedó ayer fue que sufrió una severa derrota luego de que finalmente fue elegida la ministra Norma Piña Hernández, una jueza de carrera.

Hay motivos para celebrar el resultado. No había ninguna duda de que la señora Esquivel estaría al servicio del presidente. En su edición del domingo, la revista Proceso hizo un recuento pormenorizado de su trayectoria que la muestra como una persona que durante toda su carrera, desde la época de Carlos Salinas de Gortari, ha operado en favor de quienes detentan el poder, lo mismo del PRI que del PAN, del PRD y ahora de Morena.  

Aunque el presidente trató de deslindarse de ella, no tenía cómo ocultar el evidente conflicto de interés que había con su persona, a partir de que es la esposa de su constructor favorito, José María Riobóo.

El 26 de diciembre, AMLO hizo una encendida defensa de ella ante el señalamiento de que plagió la tesis que presentó como suya. López Obrador la dio por buena y hasta alabó su “rectitud”, no la descalificó, dijo que podía seguir siendo candidata, que el plagio había ocurrido “hace 40 años” y terminó acusando a los periodistas por el escándalo que se desató y los acusó de “corruptos”.

Aunque según él no era su candidata, reconoció los apoyos que le había dado a su gobierno en la Corte y urgió a la UNAM a que resolviera el caso del plagio de la tesis “pronto, antes del día 2 (de enero)”, o sea ayer, porque, sin duda, quería imponerla, lo que no ocurrió.

La señora, que en buena hora no llegó al máximo cargo de la Judicatura federal, todavía tuvo el cinismo de asegurar que tenía una declaración ante notario del abogado al que le plagió la tesis, quien, según ella, había declarado que había sido al revés. Una declaración al portal ejecentral del autor de la tesis, Édgar Ulises Báez Gutiérrez, desmintiéndola, echó por tierra su marrullería y de paso dejó muy mal parado a su defensor López Obrador.

Creo que no exagero si digo que ayer, con excepción de quienes apoyaban a la muy cuestionable ministra, todo el país respiró con tranquilidad por todo lo que significa mantener la autonomía del máximo tribunal del país, pues si hubiera caído bajo el control del presidente, quien tiene bajo su dominio el Ejecutivo y casi todo el Legislativo, ya con el Judicial también en sus manos hubiera acabado de hacer y deshacer a su antojo sin ningún control, de ningún tipo, y prácticamente hubiéramos quedado bajo una dictadura (“régimen político que concentra todo el poder en una persona”, según el Diccionario de la Real Academia Española).

El resultado da tranquilidad porque será la Corte la que resuelva la acción de inconstitucionalidad que presentó la oposición contra la reforma electoral de AMLO además de otros temas, y a donde van a ir a parar los resultados de las elecciones de 2024. Era necesario, saludable, un contrapeso al poder presidencial, ante el entreguismo del Legislativo, dominado por los diputados de su partido, dispuestos a aprobarle sus iniciativas o proyectos de ley y de reformas sin siquiera leer sus contenidos, como sucedió con el llamado Plan B de la reforma electoral.

Da tranquilidad saber que llegó por primera vez en la historia a la presidencia de la SCJN una mujer, quien, además, de acuerdo con un análisis del diario Reforma sobre 18 votaciones del pleno de la Corte entre 2019 y 2022 en asuntos relevantes para la 4T, la ministra Piña Hernández votó contra sus intereses en 83 por ciento.

En el caso de Veracruz, si en el Gobierno del Estado, en la Fiscalía General del Estado y en el Tribunal Superior de Justicia esperaban que llegara al máximo cargo una presidenta de la Corte a modo y aliada de ellos, que tolerara y solapara todos sus atropellos, ahora saben que tienen un freno legal. Ha de prevalecer la justicia por encima de todo, el imperio de la ley y eso tiene que celebrarse.

El presidente, ayer, con razón, prácticamente lloró. Su expresión “Pobre abogada Jasmín” lo dice todo. Pero se desahogó, como es su estilo, lanzándose contra “potentados, medios de información, columnistas, intelectuales del régimen, vendidos y alquilados”. Se vio que le dolió el trancazo. Anoche debieron haberse pasado aplicándole vitacilina. Qué inicio de año para él. Qué tranquilidad para todos.

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