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Por fin, reconoce que pueden no ser sus candidatas

Arturo Reyes Isidoro

Claro que, como él mismo lo dijo el viernes pasado, el gobernador Cuitláhuac García Jiménez tiene su “corazoncito”, que se derrite en favor de uno de los aspirantes presidenciales.

Utilizó como pretexto la reciente visita del secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, para hablar de su caso personal.

Si bien no dejó de traslucir su preferencia por Claudia Sheinbaum –“tendré que dar la bienvenida y acompañar, siempre cuando me lo permitan, a ellos tres, incluida Claudia Sheinbaum”– ya se abrió al resto.

Mencionó también a Marcelo Ebrard. Recordó que el presidente López Obrador se ha pronunciado a favor de los tres y que serán bien recibidos cada que visiten el estado.

Y entonces dijo, por fin, lo que debió haber dicho desde un principio: que como gobernador tiene que mantener una actitud imparcial y que quien sea el candidato contará con su respaldo.

(Quién sabe si ya sabía que les jalarían las orejas a los gobernadores de Morena, pero el sábado los convocó el secretario de Gobernación a una reunión en la que la dirigencia nacional de su partido les pidió “piso parejo” para los aspirantes.)

Se supone que la postura del gobernador respecto a los aspirantes presidenciales debe ser la misma con los aspirantes a la gubernatura: mantenerse imparcial, garantizar “piso parejo” para todos y apoyar al que decida su partido.

Pero es muy marcada su preferencia hacia Rocío Nahle, e incluso su gobierno ha hecho un gran despilfarro de recursos públicos para apoyarla.

Existen testimonios orales, gráficos, visuales, inocultables cómo, sobre todo a partir del año pasado, su gobierno hizo movilizaciones masivas, mandó pintar bardas y a colocar grandes espectaculares, así como se hizo acompañar en actos de ambas mujeres, a las que trata de metérselas a los veracruzanos.

Como también existe el testimonio mediático de su abierto rechazo y hostigamiento hacia el aspirante a la gubernatura Sergio Gutiérrez Luna, al que con su actitud en lugar de disminuirlo lo ha hecho crecer entre el electorado.

¿Qué sabe, qué escuchó que dio un viraje?

Su declaración del viernes, sin embargo, marca un punto de quiebre en su persona: por fin empieza a ver y aceptar la realidad real, válgase la redundancia: que los elegidos pueden no resultar sus candidatas.

Dada su estratégica posición, algo debe saber, algo debió escuchar o algo le pudo decir que las cosas no son tan sencillas como él esperaba; que uno es su “corazoncito” y otro el corazonsote de quienes van a decidir.

En política, ya se ha dicho, las cosas no son, van siendo. De todos modos, hace bien en tratar de situarse en el justo medio, aunque de aquí en adelante sus hechos deberán corresponder a sus palabras.

Pero no solo eso. Su ofrecimiento, su palabra debe ser ley y surtir efecto en todos los integrantes de su administración, incluido, y en especial, el secretario de Gobierno Eric Cisneros.

Porque de qué va a servir que él diga y ofrezca una cosa y su colaborador haga otra, que hostilice no solo a los opositores sino a –se supone– sus mismos compañeros de partido.

Deberán dejar de ser selectivos para evitar hechos que den pie a pensar que él ordena medidas absurdas, que le pueden resultar contraproducentes a la larga, como algunas que tuvieron lugar durante la visita de Adán Augusto.

Por ejemplo, ese jueves no dejaban pasar al director (antes delegado) de Conagua, Pablo Robles Barajas, quien al final logró entrar y ocupar un lugar, pero superando varios obstáculos, y a un importante concesionario radiodifusor de Xalapa de plano no lo dejaron entrar. Un supuesto empleado del Congreso le dijo: sé quién es usted, pero usted no pasa. Y no pasó. Se trataba de invitados del secretario de Gobernación.

También cerraron las puertas a simpatizantes de Adán Augusto solo porque están agrupados en el movimiento «Que Siga López”. Eso para nada es ofrecer “piso parejo”. El tabasqueño fue informado de los incidentes, y tomó nota. El hecho pudo haber influido también para que los llamaran a la CDMX el viernes y les leyeran la cartilla.

Entonces, pues, Cuitláhuac empieza a ubicarse (o empiezan a ubicarlo). Acepta ya que en 2024 puede ser cualquiera, no necesariamente las suyas, lo que significa aceptar que de ahí en adelante quién sabe cómo le irá a él y a los suyos.

Pero excluye a Ricardo Monreal, y Mario Delgado lo incluye

Cuitláhuac excluyó a Ricardo Monreal, pero el dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, lo incluyó en la lista de las “corcholatas” para quienes pidió a los gobernadores no solo que los promuevan, sino que los inviten, les faciliten que se “placeen” y expongan sus propuestas. ¿Acatará la instrucción?

Gómez Cazarín se define, sin titubeos

En el contexto anterior, el que se escuchó y se vio bien fue el diputado local Juan Javier Gómez Cazarín, quien no se anduvo con dobleces.

Aquel sábado 7 de enero, previo a la llegada de Adán Augusto, precisó: no aspira a la gubernatura y a reserva de quién elija Morena y lo va a respetar, su “corazón está con Rocío Nahle”.

Al descartarse como candidato, reconoció que hay otras personas que han trabajado más que él y que “no es el momento para uno”. Bien. Realista. Cuerdo. Con sentido común.

Entonces: “Tenemos un gran activo como la secretaria de Energía, así lo digo abiertamente, yo les digo que mi corazón va hacia allá, con ella, que siga trabajando y haciendo las cosas bien”.

Congruente además: no podía haberle hecho un traje a la medida, convertirla en “veracruzana” con una reforma electoral y volverle la espalda. Se sostiene aunque los vientos parezcan empezar a soplar en otra dirección. Prefiero tratar con alguien así y no con un falsete que dice una cosa y hace otra, o alguien que da un abrazo y apuñala por la espalda.

Con su declaración dejó muy claro que se la juega y se atiene a las consecuencias. Si Nahle llegara a ser, se elevará hasta los cuernos de la luna.

¿El pacto de El Baluarte?

De no haber sido porque Joaquín Guzmán Aviles ya no es el dirigente estatal del PAN, el sábado pudo haberse dado el “Pacto de El Baluarte” para ir en alianza rumbo a la gubernatura en 2024.

Resulta que ese día el dirigente estatal del PRI, Marlon Ramírez Marín, celebró su 48 cumpleaños en un salón frente al fuerte El Baluarte, en el puerto jarocho.  Ahí asistieron Guzmán Avilés y el dirigente estatal del PRD, Sergio Cadena.

Había varios aspirantes: Anilú Ingram, Héctor Yunes, Jorge Carvallo. Fue significativa la presencia de exdirigentes: Felipe Amadeo Flores Espinosa, Raúl Ramos Vicarte, Renato Alarcón Guevara.

Fue notoria la presencia de Juan José Sierra, vicepresidente nacional de Coparmex, pero también de Lorena Piñón, Fernando Kuri, Arianna Ángeles Aguirre, Claudia Ramón, Sergio Sánchez Rico, Tomás Carrillo, Zeferino Tejeda, Dalia Pérez, Corintia Cruz Oregón, Maricela Cienfuegos.

Se hicieron presentes dirigentes municipales del PRI, presidentes municipales tricolores de varias parte del estado, regidores, Ramón Reyes Viveros, Alicia Aguilar, Mario Tejeda, Tomás Mundo, Fallo Cuenca, Belén Fernández del Puerto , Juan Herrera Corzas, Gabriel Pérez Fuster y un largo etcétera, entre dinos, medios y bebesaurios.

Y a unos kilómetros de ahí, llegó Cambranis

A unos cuantos kilómetros de ahí, en un hotel de Boca del Río, llegó, por su parte, el coordinador de la bancada del PAN en el Congreso local, Enrique Cambranis Torres, para felicitar al titular del Jurídico del CDE, Danilo Alvízar Guerrero, quien celebraba sus primeros 50 años.

En este festejo también había una significativa nómina de panistas. Como dicen los cronistas de sociales, estaban ahí, compartiendo el pan y la sal, los diputados Verónica Pulido y Miguel Hermida (del puerto, del equipo de Miguel Ángel Yunes Márquez), la diputada federal por Orizaba, Maricarmen Escudero Fabre, y Víctor Serralde (en la interna estuvo apoyando a Joaquín Guzmán)

También, los exdiputados locales: Apolo Flores Cruz (Naranjos), Francisco Briseño (Orizaba) y Rolando Andrade (Isla, además exalcalde), los exregidores Alejandro Salas, de Boca del Río, y Sonia Colorado, de Veracruz, Julio Saldaña, exdiputado federal del PRD, así como Eduardo Andrade Rocha.

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