Miguel Ángel Sánchez de Armas
Para Ramón Reig, en ocasión del
reconocimiento de nuestra universidad. ¡Felicidades!

En un rincón de Veracruz llamado Tlapacoyan habita un caballero de nombre José Lanzagorta Croche.
Estudió agricultura en Chapingo pero cultiva letras en largas noches de insomnio. Tiene por los volúmenes que alberga bajo el gran domo de su biblioteca la misma pasión talmúdica que por los naranjales que atiende con amor entre libro y libro.
Cuando lo conocí me dio la impresión de un Publio Terencio Africano jarocho. Como al gran latino, nada humano le es ajeno a Pepe. Cierto que tiene apenas un pequeño observatorio entre las ceibas de la tierra a la que se aferra como Anteo, pero sus tomos son un potente telescopio para estudiar los rincones del planeta.
Este leedor que oficia ante el altar de Seshat, la Señora de los Libros, no sabe cuántos tomos, físicos y virtuales, han pasado por sus manos. Hace algunos años me convidó al proyecto de una biblioteca electrónica. Con cierta pena confesó apenas haber reunido 17 mil títulos … pero que tal deficiencia sería reparada. No supe qué responder.
Menos hoy, cuando me entero que son más de 250 mil los títulos virtuales en su computadora, que debe ser como la que ahora estamos comprando a los españoles pero bautizaremos Coatlicue … nomás pa’que esos hijos de conquistadores no piensen que aceptamos sus modernidades así nomás por que sí. ¡No señor!
A propósito de los libros, Pepe escribió un largo, erudito e hipnotizante ensayo del que hoy comparto algunos párrafos con los lectores de Juego de ojos como mínima aportación a los fastos del día mundial del libro. Como soy de los que piensan que es mejor ofrecer disculpas que pedir permisos, no le avisé a Pepe que iba a fraccionar su texto. Por favor no le digan nada. Vale.
I.- Cuestión de calendarios. Hemos dado en celebrar el 23 de abril como el Día del libro, por la extraña coincidencia de que tanto Cervantes como Shakespeare y Garcilaso de la Vega (el Inca) murieron el martes 23 de abril de 1616 (este dato es sólo cierto para el escritor español), coincidencia mas no tanto, ya que el genial escritor español murió́ doce días antes que Shakespeare. Este aparente dislate lo entenderá usted si recuerda que en ese momento en Europa se tenían dos calendarios, el juliano, más primitivo y el gregoriano que es el que usamos actualmente, y que Inglaterra adoptó hasta el miércoles 2 de septiembre de 1752 … cuestión calendárica, pero con un extraño juego de coincidencias.
Borges dice que casi todos los inventos del hombre son extensiones de su cuerpo, pero el libro lo es de su cerebro. Gran verdad me parece esta reflexión que podríamos aumentar con la música, el teatro y las películas.
II.- El perro en la prehistoria, el libro en la historia. Dicen que aquello con lo que más familiarizados estamos es lo que más trabajo nos cuesta definir. Pregúntenle a un músico qué es la música, o a un físico relativista qué es la nada, y seguramente verán el problema conceptual en el que los meten. Y es que llegar a la formación de un concepto es un proceso lento e intuitivo, a la par que tedioso.
El caos ha sembrado nuevamente al cosmos y se quedará así hasta que una nueva crisis lo vuelva a tambalear para formar un nuevo cosmos, más rico aún. Este es el infinito y circular juego del aprendizaje. Es por esto que me gustaría decir que el mejor amigo del hombre es el libro, [aunque] sé que los grupos canófilos argumentarán que ese escaño ya lo tiene, y bien ganado por cierto, el perro. [Tengo] argumentos que [quitan ese] lugar al perro, aunque me gane el repudio de los grupos canófilos.
III.- El libro representa el sentir y pensar de cada época. Hace pocos años nos acercamos al final de una centuria y también al final de un milenio. Sabemos, porque hay libros que consignaron esta historia, que la gente, conforme se acercaba el año mil, dejó los campos sin labranza y se dedicó a esperar el juicio final: ya no tenía caso trabajar, porque el mundo estaba llegando a su fin.
Escuche a Heródoto disertar sobre historia antigua, atienda y entienda los razonamientos que le hace Maquiavelo al Magnífico Lorenzo de Médicis, acerca de cómo debe comportarse un gobernante para conservar su imperio, o diviértase con la descomunal inteligencia y sentido del humor, más de lo que pudo hacerlo el Duque de Béjar, Marqués de Gibraleón, Conde de Benalcázar y Bañares, Vizconde de la Puebla de Alcocer, Señor de las Villas de Capilla, Curiel y Burguillos, personaje rico en títulos y pobre en luces, que no entendió el regalo que le hizo Cervantes al dedicarle la obra cumbre de las letras hispánicas: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
IV.- Las drogas del cuerpo y de la mente. Sabater comenta en su Diccionario Filosófico que, en el siglo XVIII, las autoridades se preocupaban celosamente por la buena salud del alma y del reino, no les preocupaba la salud del cuerpo, que era atendida, en el caso de los ricos, por médicos y en el caso de los pobres, por brujos y curanderos o por algunas órdenes religiosas caritativas.
Y como al Estado no le costaba el cuerpo, el ciudadano podía hacer con su cuerpo lo que quisiera. Muy diferente en cambio era el caso de la salud ideológica -religiosa o política- de la población, pues su deterioro podía alterar el orden establecido, propiciar desobediencias, motines o atentados. Lo que se suponía que emponzoñaba las mentes era cuidadosamente controlado, primordialmente, la letra impresa. En España e Italia la Inquisición se ocupó de esa vigilancia; en Francia, el ministro Colbert puso en operación una policía literaria, que funcionó con temible eficacia hasta el advenimiento de la Revolución.
Los libros necesitaban un permiso real para editarse y circular, que podía ser negado por numerosas razones: ofensas a la religión por defecto, como en el caso de Helvetius; o por exceso, como los jansenistas; o por discrepancia religiosa, como los protestantes; o por atentar contra las buenas costumbres, como en el caso de los relatos libertinos que, curiosamente en esas épocas, estaban catalogados en el mismo lugar en que se encontraban los libros de filosofía: filósofos, y humoristas fueron considerados libertinos, por su forma de ver la vida; o también por su propaganda subversiva contra nobles o el rey, etcétera (que quiere decir: ya no conozco otra causa).
V.- Los libros han dado luz, pero también fuego. La historia sucinta de las civilizaciones que nos precedieron, ha sido pasar de la barbarie al refinamiento, éste acompañado de una vida muelle y holgada tal, que permite que otro pueblo bárbaro lo domine, adapte y adopte su cultura, que a su vez será enriquecida por la del pueblo dominador, que poco a poco se volverá más refinado.
Hay un pasaje en un libro de historia, no recuerdo escrito por quién, en el que menciona que para los romanos, recién dominadores de los griegos, éstos son una total nulidad, inútiles para todo, excepto como preceptores de sus hijos. Aquí cabe el aforismo de Lichtenberg, que dice: “¿No es extraño que quienes dominan al género humano ocupen un rango tan superior al de quienes lo educan?” Pues bien, en este devenir de guerras, revueltas populares y dominaciones, se fueron perdiendo varios cientos de libros de manera irreversible para la humanidad, y sólo sabemos de ellos porque son citados en otros libros.
VI.- Reflexiones Finales. El libro nos mantiene despiertos en un mundo narcotizado por la televisión, nos da información, entretenimiento, ideas. Nos enseña nuestro pasado y le da razón al presente, a la par que nos permite inferir cómo será el futuro. Leer diferentes autores nos amplía el vocabulario, y el que conoce más palabras aumenta la sintonía fina que le permite describir las diferentes tonalidades, casi imperceptibles entre diferentes acontecimientos, aumenta la percepción porque enriquece la vida.
La literatura es rebelde y esto nos hace críticos, como cuando vemos las injusticias de un mundo asfixiantemente cerrado en Ana Karenina de León Tolstoi, o en Madame Bobary de Flaubert; nos hace dudar, como cuando leemos Cristo de nuevo crucificado de Nikos Kazantzakis; nos plantea problemas, como lo hizo Sófocles en sus tragedias y nos pone en la pista de su solución; se adelanta a su tiempo, como cuando Eric Arthur Blair (mejor conocido comoGeorge Orwell) escribió Rebelión en la granja, precediendo en su crítica a los excesos de las sociedades totalitarias; crea conciencia, como cuando Huxley escribió Un mundo feliz, en el que retrató los excesos del racismo, producto de la eugenesia que trataron de imponer en Inglaterra, por la influencia del gran psicólogo Francis Galton -primo de Darwin- pero que tenía claros tintes de superioridad racial y sólo es por la enérgica decisión de Huxley y un puñado de diputados que se impidió que se implantaran medidas eugenésicas.
La buena poesía, si la leemos con asiduidad, da cadencia a nuestra prosa, nos vuelve conscientes del ritmo, sonoridad y del valor de las palabras, pero también de los espacios y silencios. En esencia, los libros te humanizan, te vuelven más consciente hacia tus semejantes y por eso es que yo proclamo a la literatura como la más humana de todas las ciencias.
Hasta aquí las citas del ensayo de Pepe. Ahora recupero una final de una vieja edición de JdO que me parece viene bien al caso:
“¿Por qué destruyen libros los hombres?”, se pregunta con inocencia conmovedora (¿o malicia?) Fernando Báez en su ensayo, para responderse a sí mismo: “Tal vez … los motivos profundos estén en una declaración de Fred Hoyle, astrónomo y novelista. En De hombres y galaxias, escribió que cinco líneas bastarían para arruinar todos los fundamentos de nuestra civilización. Esta posibilidad terrible, impertinente, codiciosa, nos aturde y no habría razones para no pensar que, tras la excusa autoritaria, se esconda la búsqueda obsesiva del libro que contenga esas cinco líneas.” T.S. Eliot observó (¿o fue William Carlos Williams?) que cuando Platón propuso que alma y materia son entes distintos, puso en circulación una idea que trastocó al mundo y desató una polémica que llega a nuestros días transportada en grandes obras, entre ellas las de San Agustín, la de Descartes y, más recientemente, la del premio Nobel John Eccles.
3 de mayo de 2026
juegodeojos@gmail.com
☛ @juegodeojos ☛ facebook.com/JuegoDeOjos ☛ sanchezdearmas.mx
Descubre más desde
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
