Dieciséis años de libros, lecturas, escritura y continuamos. (I)

Giovanni Papini: Gog.”

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

En alguna ocasión en algún lugar leí unas ideas atribuidas al pianista Arthur Rubinstein, donde decía que, si un día dejaba de tocar, lo percibía él, si pasaban dos días, lo notaban las personas que lo frecuentaban y, si transcurrían tres días, entonces lo notaba todo el público. De los tres momentos, considero que el primero es el más importante, les explico el porqué. Desde muy joven he sentido gran afición por la lectura. El acto de leer me condujo al acto de escribir. Fue en mayo de 2010 cuando empecé a escribir artículos literarios. Todos los artículos se derivan de la lectura de un libro. Hasta el día de hoy; jamás he leído y escrito pensando en que seré reconocido. Siempre he leído los libros porque ellos forman parte de mi vida, de hecho, voy viviendo, organizando y planeando mis actividades con los libros incluidos en esa planificación. E incluso, ha habido épocas donde las circunstancias no fueron muy favorables, pues, aun así, el libro siempre estuvo al lado mío.

Cuando por algún motivo extraordinario me he alejado un poco de los libros, claramente he sentido una sensación de insatisfacción. Sinceramente me siento incompleto. Recuerdo que allá por el 2017 emprendí un proyecto político que me requirió tiempo completo por un periodo de tres meses. Ese proyecto exigía me levantara a las 7 a.m., y regularmente iba acostándome como a la 1 de la madrugada. El poco tiempo que tenía libre lo medio ocupada para comer y dormir. Además, en el ambiente físico se padecía un calor intenso, entonces, no hubo un solo instante donde tuviera la mínima posibilidad de leer un libro, de vez en cuando me acordaba de ellos, pero la realidad me exigía trabajar y trabajar. En ese contexto percibí que estaba muy alejado de los libros porque mi vida se volvió burda, ordinaria, me ocupaba y preocupaba por resolver chismes, intrigas, fruslerías, a sabiendas que aún con las mejores intenciones que tenía en el proyecto emprendido, muy poco iba a poder hacer para cambiar una realidad tan vulgar y trivial.

Los meses pasaron y el resultado del proyecto político no fue el esperado, lo que hizo que inmediatamente retornara a los libros y al poco tiempo me sentí confortado, sereno y en paz. Ya no escuchaba ese lenguaje desarticulado y soez. Ya no tenía que resolver discusiones sin sentidos, absurdas. Recuerdo que en una ocasión arribé a un poblado donde un señor amablemente me saludó y me invitó a pasar a su casa, me dijo que había escuchado que me gustaban los libros. Me solicitó, por favor, si le platicaba algo de Platón. Con mucho gusto le comenté cosas que creí le resultarían interesante del filósofo griego, el caso es que el tiempo se fue volando y cuando vi ya llevaba más de una hora con el señor, rápidamente me despedí, él comprendió que mucha gente me esperaba afuera de su casa para seguir caminando, salí y mis compañeros del proyecto, con cierta amabilidad, pero entre molestos y preocupados me dijeron: “Candidato, no pierda usted el tiempo hablando esas tonterías del tal Plutón, que sepa dios quién fue. Acá eso no le importa a nadie. Así no ganaremos la campaña. Usted pida el voto y prometa lo que tenga que prometer. Lo que sí importa es ganar.” 

Con el ejemplo anterior se comprende mejor porque al retornar a los libros, rápidamente encontré gusto, razones, comprensión, alegría, exquisitez. Los libros te ofrecen un universo atrapante, diverso, fantástico, inabarcable e inagotable. Por eso, cada vez que llega el mes de mayo considero que por el solo hecho de seguir leyendo y escribiendo en este mundo tan materialista y exigente, ese acto de poder hacerlo es motivo de festejar, y, sobre todo, como a los buenos vinos, degustar. Así que degustaré un año más de lecturas y escritura leyendo a uno de los escritores más exquisitos de la literatura universal: Giovanni Papini.

Cuando me encontré por primera vez con G. Papini, automáticamente mi cerebro lo relacionó con Humberto Eco, no solo por ser italianos, sino porque los dos se me hacen personajes super eruditos. “La historia de Cristo” de Papini es genial. Allí conocemos desde la prosa literaria la vida de Jesús[i]. Es importante recordar que cuando Papini escribió La Historia de Cristo ya se había convertido al cristianismo. Eso sucedió allá por 1921. Bueno, el libro: “Gog” es otra de sus obras maestras el cual fue publicado en 1931, es decir, el autor seguía siendo un hombre que profesaba el cristianismo. Si en La Historia de Cristo nos presenta la vida de Jesús como parte testimonial de su conversión y fe, en Gog el autor muestra la otra cara de la moneda: la cara del mal, de la perversión, la cara que sin duda alguna puede ser la representación del diablo, el enemigo de Jesús. Solo que aquí Papini escribe una puntual aclaración al inicio de la obra:

Huelga, creo, añadir que yo no puedo de ninguna manera aprobar los sentimientos y los pensamientos de Gog y de sus interlocutores. Todo mi ser –que ahora se ha renovado con mi retorno a la Verdad –no puede menos de aborrecer todo lo que Gog cree, dice o hace. Quien conozca mis libros, sobre todo los últimos, se dará cuenta de que no puede haber nada de común entre yo y Gog. Pero en ese cínico, sádico, maniático, hiperbólico y semisalvaje, he visto una especie de símbolo de la falsa y bestial –para mí –civilización cosmopolita, y lo presento a los lectores de hoy, con la misma intención con que los espartanos mostraban a sus hijos un ilota completamente borracho. Muchísimos, en nuestros tiempos, se parecen, en realidad a Gog. Gog es, para decirlo con una sola palabra, un monstruo, y refleja por eso, exagerándolas, ciertas tendencias modernas. Pero esta misma exageración ayuda al fin que me propongo al publicar los fragmentos de su diario, puesto que se perciben mejor, en esta ampliación grotesca, las enfermedades secretas (espirituales) de que sufre la presente civilización. Y no habría publicado estas hojas, si no hubiese creído hacer una cosa útil para aquellos que las lean.”

Aclarado los móviles de la obra, Papini nos narra cómo conoció a Gog. El lector debe saber que lo conoció en un manicomio. Algo más, Gog es un hombre poderoso, posee una de las fortunas más grandes del mundo. Empero, Gog también puede ser cualquier personaje del mundo de hoy. Piense en un hombre rubio, poderoso, adinerado. Un hombre que, si hoy se le antoja, le avienta una bomba a cualquier país que no se subordine a sus caprichos. A este moderno Gog no le importa cuántos morirán, mucho menos se detiene en conceptos como: inocentes, acto injusto, paz, no. Esos conceptos son estupideces, su actuar corresponde a lo que sus intereses y deseos les ordenan o impulsan.

El Gog de Papini visitará a Henry Ford, Freud, Einstein, Gandhi, mas, el moderno Gog, el de nosotros, no sólo puede ser representado por ese hombre rubio racista, intransigente e intolerante. De la misma manera puede ser un tipejo cualquiera que asesina, miente, calumnia, daña sin el mínimo remordimiento de conciencia. Arriba se señaló que el Gog de Papini encarna la cara del mal (el diablo), como Jesús es el símbolo de los valores más elevados. Acto seguido, intente representar con algún mortal a Jesús, acaso, ¿acude a su mente una imagen? Ahora intente representar una imagen de un mortal que represente a Gog: considero que abundan imágenes, algunos Gog son más poderosos que otros, pero todos son los mismos miserables. Finalmente, estas representaciones explican porque vivimos tan mal en la tierra y, lo peor, nadie le puede asegurar un paraíso. Lo que más se acerca a un edén es una bella y amplia biblioteca.

Correo electrónico: miguel_naranjo@hotmail.com

Twitter@MiguelNaranjo80

Facebook: José Miguel Naranjo Ramírez


[i] https://puntoyaparteonl.com/2023/07/04/a-75-anos-de-la-fundacion-de-israel-i/


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