Corolario.
Raúl Contreras Bustamante
En los últimos años, el debate acerca del desarrollo social y económico en nuestro país se ha visto marcado por los avances en la reducción de la pobreza multidimensional. Sin embargo, también es una realidad que en el tema educativo el contraste salta a la vista.
De manera reciente fue dado a conocer el estudio Educación en un vistazo 2026 de la OCDE. En el caso de México, el organismo internacional advierte una pronunciada caída del gasto educativo con respecto a los demás 38 países que lo integran.
Y es que nuestro país pasó de invertir 4.4% de su PIB en educación en 2015, a sólo 2.9% en 2023. Es decir, un retroceso que contrasta de manera importante con el resto de las economías desarrolladas, las cuales —en promedio— destinaron 4.2 por ciento. Lo que nos sitúa en la lamentable posición 35 de 38 puestos.
Aunado a lo anterior, destaca que mientras en el promedio de los integrantes de la OCDE, 43% de las personas entre 25 y 64 años cuentan ya con educación superior, en nuestro país ese porcentaje sólo alcanza 22 por ciento. Por citar sólo unos ejemplos de la misma región, Colombia presenta 29.5% y Costa Rica cuenta 28.2 por ciento.
En materia de la educación media superior, el estudio reporta que entre la población entre 25 a 34 años, en nuestro país hubo un avance, ya que el porcentaje de población sin este nivel educativo se redujo de 55% en 2015 a 40%, sin embargo, seguimos lejos de la media internacional que ronda en 12 por ciento.
Un aspecto positivo del estudio de la OCDE es en materia del descenso en el desempleo de jóvenes con estudios superiores, al pasar de 7% en 2015 a 4% en 2025. El promedio de la OCDE es de 5 por ciento.
Pero los datos en frío no permiten apreciar peculiaridades tales como que el mercado laboral mexicano está conduciendo a los profesionales a esquemas de subcontratación, salarios que no son suficientes para el costo de vida actual y la falta de seguridad social y prestaciones laborales. El resultado: el esfuerzo académico de los jóvenes no se traduce en una remuneración que les permita construir un patrimonio sustentable.
Sin embargo, la evidencia histórica es clara: la apuesta para el desarrollo del país debe ser la educación. En el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2027, el gasto destinado a educación superior no se observa como una de las prioridades importantes del gobierno.
Para la UNAM, el siguiente año el Ejecutivo federal propone destinar un monto aproximado de 56,006 millones de pesos, lo que representa un incremento real de apenas uno por ciento. Y para las universidades públicas de los estados, el presupuesto ascenderá a 72 mil 941 millones de pesos, lo que representa apenas un aumento de 2.07 por ciento.
Pero si se toma en cuenta que la inflación esperada por el Banco de México para el próximo año será alrededor de 3%, esto significa que no habrá un incremento real para dichas universidades, que en su conjunto atienden alrededor de 60% de la matrícula nacional.
La educación es un derecho humano fundamental, un elemento indispensable para alcanzar la justicia social. Permite a quien la recibe que pueda entender, ejercer y defender todos sus demás derechos.
La inversión insuficiente en materia de educación continuará frenando el desarrollo de las personas, evita que muchas de ellas salgan en realidad de la pobreza y nos condena a seguir siendo un país que tiene que seguir padeciendo problemas que una buena educación ayudaría a combatir y evitar.
Como Corolario, una frase del autor: “La educación ayuda a entender al mundo; la educación superior permite cambiarlo”.
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