El blues no es una cuestión ajena: Alain Derbez

  • El historiador, músico e investigador de la música conversó posterior a su presentación en la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) 2019
  • “Hay mucho que investigar, mucho que indagar y mucho que disfrutar”, refirió el autor de varias obras dedicadas al jazz y al blues

David Sandoval Rodríguez

 

Alain Derbez

Xalapa, Ver., 11 de mayo de 2019.- Definido a sí mismo como “saxoservidor”, Alain Derbez es un referente de la historia musical en México, al combinar su formación de historiador con su gusto por interpretar y estudiar el género musical del jazz y sus diversas variantes, que abarcan el blues y el rock.

El autor de El jazz en México (datos para esta historia), editado por el Fondo de Cultura Económica (FCE) y Usted soy yo, coescrito con Ángel Miquel y ganador del Premio Nacional de Novela “Jorge Ibargüengoitia” 2009, vino a la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) 2019 para presentar su reciente publicación, Pluma en mano, a la que definió como un libro escrito desde las distintas perspectivas que le han dado la vida: como historiador, como periodista, como público frente al escenario y como cronista y crítico.

Al finalizar la presentación, el también productor y conductor de radio dio una breve entrevista para Universo.

¿Su libro Pluma en mano es una especie de autobiografía donde narra su gusto por la música?
Yo no lo llamaría una autobiografía, hay tintura de autobiografía porque son todas experiencias en las que he estado, que narro y doy cuenta, tanto como músico como escritor o que me interesa historiar, investigar; obviamente sí hay capítulos más cercanos, experiencias más personales que acaban siempre hablando del quehacer musical.

En su presentación habló sobre el interés y la cancelación de los festivales de blues en México y cuántas personas habrán sido influenciadas por esta música, que pareciera muy distante para los mexicanos…
Creo que el blues ha estado siempre en la música, por ejemplo en Agustín Lara, quien incluso algunas composiciones las describía como bolero-blues. Hay también una referencia en la poesía: Xavier Villaurrutia escribe un poema alrededor del blues y es una persona aparentemente tan desapegada a las expresiones sociales, igual lo hizo Efraín Huerta, quien era más identificado con estas cuestiones.

Creo que la presencia ha estado ahí, lo único que hay que hacer es indagar, darte cuenta de que ahí está. No son cuestiones ajenas en absoluto.

Tan es cierto que hoy mismo acaba de venir un “chavito” a preguntarme si está bien que toque blues, y recuerdo que con Betsy Pecanins platicaba mucho sobre si el blues tenía que cantarse en inglés para respetar su métrica y acabó cantando blues en español porque se puede, y de que ha influenciado y ha tenido presencia la ha tenido, no es coyuntural ni tampoco es buscar la colita de gusano al elefante para hablar del gusano.

Este género musical es asociado a personas mayores o que les gusta la música en inglés, pero tenemos el ejemplo de este joven que menciona, ¿este interés ha estado en la juventud a nivel mundial?
Creo que cuando Javier Bátiz era jovencito en Tijuana, si no hubiera conocido o sentido lo que era el blues en carne propia, no hubiera desarrollado lo que hizo y no estuviera donde sigue. Muchos de los grandes jazzistas que hay en Xalapa comenzaron entendiendo que para tocar jazz es muy importante entender lo que es el blues, los mismos rockeros tienen que hacerlo, es como la base para ir desarrollándose.

Jimi Hendrix, que es el gran rockero de la historia, no hubiera llegado a eso si no hubiera tocado blues, lo que ocurre es que mucho tiene que ver en la interpretación, como lo que decía (José) Vasconcelos: eso no es lo nuestro.

Entonces, uno se pone a pensar ¿qué es lo nuestro, qué es lo mexicano? Si nos ponemos a decir que lo mexicano es lo que viene de nosotros, lo autóctono, hay que pensar que el son jarocho es la combinación de lo árabe con lo africano, todo el mestizaje está ahí y es muy difícil hablar de un nacionalismo exacerbado, es ridículo.

Hay un ir y venir de las músicas; por ejemplo, esta presencia accidental de los franceses imperialistas en México, pero ¿qué trajeron con las bandas militares? Entre otras cosas el saxofón, que es un instrumento que inventó un belga en el siglo XVII. Hay mucho que investigar, mucho que indagar y mucho que disfrutar porque si investigas, escuchas y tocas y cuando soplas estás soplándote a ti, no estás engañando a nadie, salvo Kenny G, pero eso es otra cosa.

Usted puede escribir, escuchar y platicar sobre un instrumento. ¿Cómo se relaciona la literatura con la música, provienen de un mismo lugar o son complementarias?
Me gusta todo. De pronto estoy escribiendo y me tengo que parar a soplar un poco; por ejemplo, en lo recitales que hago trato de reunir estos quehaceres poéticos y musicales. Con Iraida Noriega y Nico Maroto, su hijo, estoy haciendo blues y tocamos poemas de Ramón Rodríguez, ese gran poeta cordobés, porque ligo un poema suyo con un blues, que es magnífico y tocamos blues alrededor de todo esto.

Siempre existen las conexiones y yo agradezco tener pluma y saxofón o acordeón o armónica que me permiten conjuntar todo esto; muchas veces necesito dedicar o desarrollar durante más tiempo a la escritura porque necesito hacer un libro o dedicar más tiempo a tocar porque necesito dar un concierto, entonces no me verás sin pluma o sin saxofón.

Finalmente, ¿podría hablarnos un poco de la referencia a la que hace su camiseta: “Si hubiera Parker no estaría Kenny G”?
Como diría el General Anayazz. Sí, porque todo es un juego de palabras que siempre me encanta hacer, estos juegos de palabras hacen referencia a que ciertas personas se van con la idea de que existe un cierto tipo de jazz y se acaba ahí, entonces se obnubilan tanto que se olvidan de escuchar cuestiones que existieron y que existen y son paralelas.

Hay mucha gente que se fascina con Kenny G y con las piruetas y los malabares, la gran técnica que tiene para interpretar y si quisieran ir un poquito más allá, se encontrarían con que esas grandes piruetas están diciendo algo, no sólo haciendo malabares sino haciéndote sentir como Julio Cortázar lo planteaba en el relato de “El perseguidor”, eso es lo que hizo Charlie Parker.

A eso se debe este juego de palabras, a que si nosotros nos fijáramos en Charlie Parker no tendríamos que ser tan rápidamente obnubilados por la presencia de Kenny G; estamos hablando aquí de todo un manejo comercial y es muy respetable que exista Kenny G, pero no digamos que eso es jazz, por favor no.

Es como pensar que estas personas que salen a la cancha al medio tiempo a hacer dominadas con la pelota son como Maradona, que también las sabía hacer, pero Maradona daba unos pases maravillosos y Messi otros tantos. Jugar con la pelota está bien, pero no pasa de ser un mero entretenimiento.