Columnas

Datos que se cruzan

Manuel Zepeda Ramos

 

Contundente.

El Inegi nos dio a conocer hace algunas horas una información similar al knock out fulminante que el mexicano Juan Manuel Márquez le propinó al filipino Manny Pacquiao, que lo tuvo fuera de este Mundo durante varios minutos: el segundo trimestre de este año registra una disminución del PIB por -18.9%.

Este sí que es un dato histórico, terrible, que retrata el desastre de la economía nacional, nunca antes presentado al menos desde la depresión de 1929. Este dato trae aparejados los cientos de miles de empleos perdidos tan sólo en tres meses, junto a las cientos de miles de empresas que han tenido que cerrar por falta de recursos. Sus empleados -la inmensa mayoría de ellos son uno o dos trabajadores-, han quedado en la indefensión que se traduce en la incapacidad de poder llevar comida a su casa, para ellos y su familia. Cada día que pasa, aumentan las familias que yo veo pasar por la puerta de mi casa ofreciendo lo que sea en venta, comida incluida, para sumar unos pesos que se traduciría en alimento para la familia. Tremendo.

Junta a esta cifra del -18.9%, aparece la cifra de Estados Unidos de su PIB en el mismo trimestre: es de -9.5%. Digamos que, Prácticamente, la mitad.

¿Por qué allá es la mitad y aquí es el doble?

Porque allá sí hubo apoyo del gobierno a los pequeños empresarios para que pudieran contener la ola de despidos y con ella la posibilidad de poder tener recursos, pocos, pero suficientes para llevar alimentos a la casa. Trajo como consecuencia un movimiento económico en toda la cadena productiva que hizo que la pérdida del PIB solo fuera del -9.5%. Ese apoyo, aquí no pasó. La poca ayuda se tradujo en 25 mil pesos para las pequeñas y medianas empresas que solo significaron el 0.1% del PIB. Ninguno de los países de la Tierra, más pobres que México, aportaron lo que nuestro país puso para “proteger” el empleo de los mexicanos. De vergüenza, considerando que contamos con empréstitos a tasa noble por el orden de 61 mil M de dólares a la disposición. Con una mínima parte de ese empréstito, que los empresarios habrían de pagar, por supuesto, junto al poder diferir el pago de impuestos para cuando pasara el cataclismo, hubiera sido suficiente para paliar esta pesadilla y conservar los empleos que ahora su pérdida se traduce por millones. El presidente no se cansa de decir que, eso sí, México no se endeudó. Hay datos que arrojan que en 20 meses de gobierno este ya se ha endeudado más que la deuda que tuvo el anterior gobierno en todo el sexenio. Vergüenza y mentira.

Vergüenza también es que celebremos con gran alegría desde Palacio Nacional que este primer semestre nuestros connacionales hayan mandado 19 mil millones de dólares -78 mil 741 millones de pesos al cambio de hoy-, 10.6% más que lo enviado el semestre pasado en las mismas fechas. Digo vergüenza porque es un dinero que los paisanos trabajadores ganaron con su propio esfuerzo físico y sicológico en un país que no es el suyo, ni el idioma, al que se tuvieron que ir con todo lo que ello implica porque nuestros gobiernos no supieron cómo retenerlos en nuestro territorio. Es una mano de obra de excelente calidad que ahora se convierte en una de las principales fuentes de divisa para México. Vergüenza.

Estos datos arrojan otros más, interesantes. Mientras que los paisanos de Baja California, Sonora y Sinaloa, por ejemplo, arrojan porcentajes por el orden del 30%, los del la región sur sureste -Tabasco, por ejemplo-, arrojan los mismos porcentajes, pero negativos. Los connacionales del norte ya son ciudadanos con derechos norteamericanos, incluido el último beneficio por motivo de la Pandemia, que les permitió hacer envíos de ese tamaño. En cambio, el sur sureste no solo no pudo enviar lo que su corazón le dicta para su hogar mexicano, sino que muchos ya no lo harán porque ya los mató el COVID 19. Datos que se cruzan.

¿Hasta cuando el presidente va a dejar de pensar que los empresarios, -grandes, pequeños y medianos, que son los que generan los empleos de verdad y el IMSS los registra-, son enemigos neoliberales de la nación y que debe de sentarse cuando antes con ellos para planear juntos el futuro de México que hoy se ve más negro que las arenas del Sahara invadiendo el sureste de nuestro país? Todavía hay tiempo, aunque poco.

Mientras ese cuándo se hace realidad:

¡QUÉDATE EN CASA!

Si sales, matas.

Si sales, mueres,

Y si tienes que salir, hazlo con cubre bocas y sana distancia.

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