Columnas

El canibalismo en Morena

Arturo Reyes Isidoro

 

Me pregunto qué pensarán las personas de buena fe que en un momento dado decidieron adherirse como simpatizantes o como militantes de Morena, ante el vergonzoso y denigrante espectáculo que están dando los aspirantes a encabezar la dirigencia nacional de ese partido, Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado Carrillo.

Toda la semana dieron la nota en su descarnada pelea por el poder político, por el hueso, como se decía antes, dejando al desnudo lo que es ese supuesto partido, presuntamente la base de sustento de su creador el ahora presidente de México.

Ayer llegaron al extremo de quedar en su calidad de presuntos delincuentes.

A través de su abogado Porfirio denunció a Mario ante la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales por el presunto uso de recursos públicos para posicionarse electoralmente, compra de conciencias y despilfarro en despoblado de dinero del pueblo, mientras que a través de diputadas afines Mario anunció que presentará una denuncia contra Porfirio en el Comité de Ética de la Cámara de Diputados por presuntos actos de acoso sexual.

Al final, dos verdaderas fichitas, dos lacras de lo más representativo de Morena, que entre más pasan los días más suciedad se sacan y se avientan y quién sabe qué más falta que se exhiban públicamente hasta que den por terminada su pugna, que no es por ninguna buena causa del país sino por su insaciable ambición por el poder.

La historia de la política mexicana está llena de hechos verdaderamente reprobables, pero al menos en la disputa por la dirigencia nacional de un partido nunca se había dado un caso igual al que ahora, atónitamente, presenciamos por el bajísimo nivel al que han llegado quienes supuestamente iban a cambiar y a adecentar la práctica política en México.

Tal como van las cosas, todo apunta a que quedarán divididos exactamente por la mitad. Allá ellos. Pero incluso si lograran una conciliación y uno de ellos finalmente se alzara con el triunfo, cualquiera de los dos, no dejaría de ser el delincuente que ahora está siendo señalado. Pero incluso si llegara a haber dos dirigencias, las encabezarían dos delincuentes. Dicho por ellos mismos.

Ese es el partido en el gobierno, en el poder ahora, en el que millones de mexicanos cifraron sus esperanzas para que echara al olvido para siempre al PRI, al PAN, al PRD y a otros por sus vicios, malas prácticas, abusos del poder, y han resultado peores, incluso más cínicos porque no tienen ningún recato en exhibir públicamente lo peor de ellos mismos, sus miserias como políticos y como personas.

Qué tan caricatura de partido político son que no han sido capaces de darse por si mismos su propia dirigencia nacional, en un proceso que debiera ser un ejemplo de democracia, por lo que han tenido que recurrir al órgano y al tribunal electoral federal para que suplan el proceso eleccionario interno que debió ser responsabilidad únicamente de ellos.

Con una terrible agravante para el pueblo mexicano: su irresponsabilidad política le está costando a los mexicanos. Hasta el miércoles, la encuesta que debe definir quién es el nuevo dirigente había costado ya 21 millones de pesos, documentó el diario Reforma, recursos salidos del bolsillo de todos, de lo que el gobierno de la supuesta austeridad cobra de impuestos a todos los contribuyentes. Sin embargo, Muñoz Ledo acusó que la campaña de Delgado ha costado 1,500 millones de pesos. Fuchi caca, como dijera el jefe de ellos.

¿Pero solo Mario Delgado ha despilfarrado el dinero de los mexicanos? En este espacio comenté cómo una misma dirigente de Morena, Bertha Luján, en una reunión privada en su casa, que fue grabada y cuyo contenido fue filtrado y publicado, involucró incluso al gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez, aportando recursos para la campaña de Porfirio, recursos que no pueden haber salido más que de las arcas del gobierno.

Se nos habla de austeridad. En el Estado se impulsó y se realizó una reforma electoral para recortar en 50 por ciento los recursos a los partidos políticos, recorte que se empezó a aplicar desde agosto pero de cuyos recursos no saben los veracruzanos puntualmente a qué se han destinado, aunque de pronto se enteran que el gobernador está aportando para un candidato a la dirigencia de su partido.

Que se destrocen, si se quieren destrozar, políticamente, pero que no sangren más las arcas públicas, y que no vengan con que practican la austeridad, que ellos son el castillo de la pureza.

Todavía no cumplen dos años en el poder y el canibalismo que muestran y practican lleva a pensar lo peligrosos que son, pues si entre ellos mismos no tienen límite para agredirse y para tratar de destruirse, ahora que tienen el poder qué le puede esperar al resto de los mexicanos.

No dudo que hay militantes y simpatizantes que actúan de buena fe, pero el problema son las cúpulas que tienen como único dios la ambición por el poder y lo que conlleva con ello. Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado Carrillo son el más vivo ejemplo.

Pero algo de positivo se puede sacar de todo: que le está abriendo los ojos a los ciudadanos sobre qué les puede esperar en el futuro inmediato si continúan depositando su confianza en ellos.

Los de Morena no necesitan enemigos. Ellos son su propio enemigo.

Enfilada como está la oposición rumbo a la elección dentro de siete meses y días, ahora sí, como dijera ya saben quién, la división a muerte… política de los morenos les viene como anillo al dedo, pues ellos en cambio se están uniendo en alianzas no obstante sus claras diferencias históricas y pueden sacar provecho.

Sus dirigentes, los he escuchado, aplican al pie de la letra el viejo adagio político: cuando tu enemigo esté cometiendo pendejadas, no los distraigas. Y eso hacen exactamente.

Lector, buen fin de semana. Estaba en plena faena cuando de pronto me cayeron técnicos de Teléfonos de México: llegaban a instalarme fibra óptica, para sustituir la anticuada y vieja banda ancha; para instalarme un nuevo y potente módem. Al menos me dieron tiempo de llegar hasta aquí. El lunes le seguimos.

Categorías:Columnas, Prosa

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