Columnas

Colaboración ingrata

Raúl Contreras Bustamante

 

Los compromisos adquiridos y aceptados por las partes al celebrar un convenio son sinónimos de obligación, deber, responsabilidades, cumplimiento.

En el ámbito internacional, los acuerdos alcanzados entre gobiernos u organizaciones multilaterales no son la excepción; así que los derechos y obligaciones de cada uno —en el marco de dicho acuerdo— deben cumplirse.

Esto viene a propósito en razón de la descortés detención del exsecretario de Defensa, general Salvador Cienfuegos, que tuvo lugar hace unos días en un aeropuerto de California, en cumplimiento de la orden de arresto promovida por la Administración de Control de Drogas, la inefable DEA, por sus siglas en inglés.

Sin entrar en consideraciones respecto de las conductas imputadas al general ni hacer juicios de valor en relación a su presunta culpabilidad —pues estamos convencidos de que un pilar fundamental de todo Estado de derecho es respetar la presunción de inocencia— es importante hacer alguna reflexión acerca del hecho y de las posibles implicaciones para las relaciones bilaterales de nuestros países.

Desde hace muchos años, los vínculos de colaboración entre ambos países en temas tan sensibles como la seguridad nacional y el combate al narcotráfico, han sido materia de una intensa relación diplomática.

Lo abrupto de la detención, la enorme relevancia del personaje para la vida pública de nuestro país, así como la falta de cortesía de no poner en antecedentes al gobierno mexicano, hacen que desde la academia se considere que hay que llamar la atención por el quebranto a la fidelidad o lealtad que se debería guardar o tenerse de parte del gobierno norteamericano, lo que significa una muestra de desagradecimiento, olvido o desprecio de los beneficios recibidos por los esfuerzos de cooperación mutua.

En 29 de los 50 estados de la Unión Americana se permite el uso medicinal de la mariguana y en 9 el consumo recreativo de la misma es legal y permitido. De tal suerte que, si el problema del narcotráfico existe, es porque sigue siendo el principal consumidor de drogas del mundo y su responsabilidad es innegable.

El golpe de desprestigio urdido por Estados Unidos, tiene como objetivo claro debilitar la vida institucional de nuestro país. Para ese gobierno no es desconocida la importancia republicana que representa en México el papel de nuestras fuerzas armadas.

Mientras nuestro país obsequia la extradición de delincuentes —que podrían ser juzgados por nuestros tribunales—, se permite la amplia operación de sus agentes, se ayuda a contener la migración ilegal y el terrorismo hacia su país y nos manchamos a diario de la sangre producida por el combate al narcotráfico, ellos detienen a un alto mando del Ejército por presuntos delitos cometidos en nuestro territorio, con pruebas obtenidas de manera ilegal, mediante grabaciones telefónicas a quienes supuestamente trabajan de forma coordinada y les ayudan.

Esta situación obliga a repensar dos cosas de manera urgente. Las funciones que el Ejército desempeña en cuestiones de combate al narcotráfico, seguridad pública y de las otras actividades que le han sido encomendadas, para blindarlo, protegerlo, detener su desgaste y desprestigio.

Y, en segundo lugar —sin olvidar la importancia que tienen nuestras relaciones comerciales— reformular las relaciones de colaboración en cuestiones de inteligencia con nuestros vecinos del norte, pues históricamente jamás nos han tratado como iguales y sólo han usado las facilidades que como país les hemos dado, sin ninguna retribución.

Como Corolario, recordar la frase del general Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

(Tomado de Excélsior 24 10 20)