Columnas

Comicios en EU. Lecciones

Raúl Contreras Bustamante

 

Los procesos electorales son mecanismos indispensables de las democracias modernas. La importancia que revisten constituye aspectos esenciales de resolución de problemas sociales complejos; y entre ellos, la transmisión del poder político.

Para hacer un estudio de derecho comparado de los procesos electorales, la Facultad de Derecho de la UNAM y el Instituto Nacional Electoral organizaron el seminario permanente de Democracia y Elecciones en el mundo, y en su primera etapa se analizó la problemática que enfrentan las elecciones en Estados Unidos, con el propósito de analizar la realidad que se está viviendo, de cara a los comicios del próximo año en nuestro país.

Partimos del hecho de que no existe ningún ejercicio estatal, nacional o territorial que suponga el mismo grado de magnitud operacional de participación multitudinaria y complejidad jurídica, que los procesos electorales.

En la actualidad, el constitucionalismo y la ciencia política exigen que los procesos electorales sean libres, pacíficos, creíbles, transparentes y apegados a las normas jurídicas, entre otras virtudes.

Ante la complejidad impuesta por la pandemia, las elecciones en el mundo enfrentan severos retos para poder funcionar, entre ellos, lograr que la participación y el interés no disminuyan, así como tomar las providencias necesarias para acotar los riesgos de contagio y garantizar la integridad física de los votantes.

Así, Estados Unidos ha tenido que enfrentar las complicaciones propias de su elección, ya que sus procesos electorales adolecen de la falta de los atributos antes señalados.

En el conversatorio de análisis participaron importantes especialistas como: Ann Ravel, Richard Soudriette, Arturo Sarukhán, María del Carmen Alanís, además de Lorenzo Córdova y quien esto escribe, donde se expresaron interesantes previsiones, mismas que se han cumplido casi de manera absoluta.

Los requerimientos para propiciar la libre concurrencia y las condiciones pacíficas para los votantes fueron alteradas por ejemplo por amenazas de que habría vigilantes electorales de cada partido armados en los centros de votación ante la polarización de las posturas.

El descontento social se expresó en manifestaciones que han obligado a blindar —de manera literal— la propia Casa Blanca, los comercios en Washington y otras ciudades importantes, ante el temor a las protestas de grupos radicales.

La credibilidad de los resultados, la transparencia y el apego a las normas de derecho han sido cuestionadas por el propio presidente Donald Trump, quien ha tensado la atmósfera política ante lo cerrado de los resultados.

Hay que recordar que el sistema electoral de los EU contempla una caduca democracia indirecta y ello hace posible —como ha sucedido en diferentes ocasiones— que el candidato con mayor número de votos populares no gane las elecciones, como fue el caso de la elección del año 2000 entre George Bush vs. Al Gore, o el más reciente, cuando el propio Trump se alzó con el triunfo a pesar de que Hillary Clinton obtuvo más millones de votos populares.

Todo parece indicar —al menos al momento de escribir esta columna— que el resultado de la elección se va a judicializar y puede llegar hasta la Corte Suprema.

Parecería obvio que la Constitución norteamericana requiere de una nueva enmienda que elimine a este sistema electoral obsoleto y permita a los ciudadanos ejercer el derecho humano de votar con plenitud.

Como Corolario, las palabras del político estadunidense Theodore Roosevelt: “Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia”.

(Tomado de Excélsior 07 11 20)