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Con juego de pelota, culturas del centro de Veracruz impactaron a Mesoamérica

  • Si bien sabemos que el juego estaba controlado por la élite, estaba pensado para una atracción popular”, dijo investigadora del IIA de la UNAM 

 

Xalapa, Ver., 18 de noviembre de 2020.- La segunda conferencia magistral de las V Jornadas Red Latinoamericana y Caribeña del Deporte Social para la Inclusión llevó por título “El juego de pelota de hule de Mesoamérica: el papel de las culturas de Veracruz en su popularización” y la compartió la académica adscrita al Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Annick Daneels. 

La ponencia se desarrolló el 17 de noviembre por la plataforma de Facebook Live Deporte UV, y fue moderada por la directora general de la Universidad Veracruzana Intercultural, Lourdes Budar Jiménez. 

De acuerdo con la conferencista, específicamente el juego de pelota de hule –que requería laterales construidos y se jugaba con la cadera– fue el que ayudó a Paul Kirchhoff a determinar los rasgos más definitorios del área cultural mesoamericana. 

Con la llegada de los españoles, los frailes trabajaron en erradicarlo, pues el juego de pelota tenía un valor simbólico y religioso, visto como “del diablo”; además, estaba asociado a las apuestas y eso tampoco era considerado como conveniente para los conquistadores. No obstante, sobrevivió en lugares de frontera, como Sinaloa, y en la actualidad recobró el interés en varios puntos del país, sobre todo con fines de tradición y redescubrimiento identitario, así como turístico. 

“Es un juego de mucha velocidad, agilidad, resistencia”, remarcó la investigadora de la UNAM; tan sólo la pelota de hule macizo pesa entre 3.5 y 4 kilogramos. 

Luego de dar los pormenores del juego y las medidas de las canchas en la época prehispánica, comentó que a la fecha se desconoce cuántos participaban en él. Además, “sabemos que estaba asociado al sacrificio humano, pero no nos queda claro a quién sacrificaban, ¿al ganador, al perdedor o a alguna víctima predesignada?”. 

La iconografía sugiere que quienes lo jugaba eran hombres, incluso el público, probablemente, también estaba conformado por hombres, “aunque la arqueología tiene algunas excepciones: en tiempos tempranos tenemos figurillas de barro donde vemos que las mujeres formaban parte de la porra, y en el caso de Zapotal se ha encontrado a una mujer con equipo de juego de pelota”. 

El origen de este juego se remonta a casi cuatro mil años y se originó en tierras del árbol de hule. “No es de sorprender que las evidencias más antiguas que tenemos se dan justamente en áreas de mayor distribución del palo de hule, que es el istmo de México”. 

Ahí, hacia el 1600 a. C., hay evidencias contemporáneas de la práctica del juego de pelota: por el área del Pacífico, está Chancha de la Amada; por la vertiente del Golfo, en El Manatí encontraron pelotas de hule. 

Para el 1000 a.C., el juego empezó a distribuirse en áreas donde no hay palo de hule, pero que se piensa lo adquirían a través de redes de interacción; y para el 500 a.C., es muy común en gran parte de Mesoamérica encontrar las canchas.  

Annick Daneels profundizó en el cerro El Manatí –ubicado en la cuenca del río Coatzacoalcos– porque ahí se tiene ubicado un ritual de la fertilidad asociado al sacrificio humano por petición de lluvias.  

Hizo lo propio con el rito del clásico en el centro de Veracruz, pues empieza a aparecer la evidencia de un ritual muy particular asociado al juego de pelota, que incluye decapitación de adultos, equipo de protección –yugos, hachas y palmas–, decoración de volutas entrelazadas, todo asociado a elementos de ritualidad de fertilidad asociado a tierra y agua. Se trata de elementos identitarios de las culturas del centro de Veracruz del clásico, antes “mal llamadas del Totonacapan”. 

Además, “si bien sabemos que el juego estaba controlado por la élite, estaba pensado para una atracción popular. Para empezar, en Veracruz hay canchas de pelota por todos lados. Nadie vive a más de una hora a pie de una cancha”. 

La investigadora destacó que “ninguna otra cultura mexicana (ni la teotihuacana, la maya o la zapoteca) tuvieron una expansión tan amplia de sus rasgos identitarios. Ahí es donde podemos decir que el Golfo, el centro de Veracruz, impacta de una manera verdaderamente importante a través de todo Mesoamérica”. 

Para el clásico tardío el rito pasó de ser para la fertilidad a términos astrales y no es para la comunidad, sino para que siga vivo el planeta, “ése es el juego que van a conocer los españoles”. 

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