Columnas

Buscando a Rubén Darío me encontré con Cervantes

José A. Vicuña, un espíritu quijotesco

 

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

 

Rubén Darío en su visita a Teocelo, Veracruz

El universo literario es cautivante, fascinante, deslumbrante, realmente nunca dejas de sorprenderte ante tan rica y abundante variedad, exquisitez, grandeza, desde hace muchos años el artículo semanal que escribo se deriva de la lectura de un libro, en esta ocasión no será sobre un libro concreto, pero eso no evitará que sigamos inmersos en el fantástico mundo de las letras, y lo mejor es que en el presente artículo tendremos la oportunidad de viajar a un pequeño Municipio del Estado de Veracruz llamado Teocelo, e instalados en una muy antigua casona podremos convivir con dos espíritus universales como son los del poeta nicaragüense Rubén Darío y el inmortal escritor Miguel de Cervantes Saavedra. ¿Cómo llegué a esta casona y qué tiene que ver el padre del modernismo y el escritor del Quijote con Teocelo? A continuación, les platicaré la historia.  

Platicando con el filósofo Adolfo García de la Sienra sobre el modernismo, me comentó que tiene un familiar que vive en Teocelo y que en su casa estuvo el gran poeta Rubén Darío, el tema me interesó y gracias a la intervención del Maestro de la Sienra tuve la oportunidad de acudir a la bella casona en Teocelo y allí conocí a José A. Vicuña Sánchez, un personaje singular, callado, en momentos tímido, serio, y, sobre todo, ensimismado. Para mi mala suerte llegué a la cita un poco retrasado, cosa que casi nunca hago, cuando José A. Vicuña abrió la puerta de su casona, desde que das el primer paso quedas deslumbrado, lo primero que ves en las paredes de la entrada es un mundo quijotesco, imágenes, figuras, cuadros, y todavía no das el segundo paso y descubres un bello Quijote dibujado y también se encuentra dibujado “Clavileño”, el caballo de madera donde Don Quijote y Sancho creyeron que volaron.

Gratamente sorprendido por lo que veía, mis primeras palabras para José A. Vicuña fueron: “Amigo, disculpa por el pequeño retraso, muchas gracias por recibirnos, (acompañado por mi reciente-inseparable compañera Rosy), quiero decirte que al ver la entrada de tu casa lo primero que viene a mi mente es que vengo en busca de Rubén Darío y me estoy encontrando con Cervantes.” Una vez dado el segundo paso el universo que se nos presentó es maravilloso, Quijotes por todas partes, entras y hay un patio grandote con una fuente y en ella está una estatua del Quijote, volteas y hay bardas con bellos murales dibujados y pintados por José A. Vicuña, sí, como lo lee, murales pintados por vicuña, algunos son creaciones propias como el mural llamado: “El camino de Santiago”, donde representa su idea de Dios, otro nombrado: “El mundo de afuera”, donde expresa lo que no le gusta del mundo exterior, digo exterior porque ingresando a su casona realmente te sientes en otro mundo, lleno de tranquilidad, imaginación, fantasía, y no olvidemos que sólo estamos en la entrada de la casona en el patio grande, bello, con murales y una gran variedad de quijotes, ¿Qué sigue? Estando en el patio volteamos y vimos lo siguiente:

Un amplio corredor-comedor donde el 10 de septiembre de 1910 fue recibido el poeta Rubén Darío, créanme que es un lugar maravilloso donde te sientas, observas, respiras, piensas y sientes que vives en el siglo XIX, en ese momento nuestro anfitrión nos enseña las cuatro fotos que conserva de la estancia de Rubén Darío en su casa, algunas notas periodísticas sobre el tema, allí por supuesto está una placa sobre ese hecho histórico para la familia Vicuña y el pueblo de Teocelo, agregando que posee como herencia de la familia el sombrero que usó el poeta Nicaragüense y que se lo dejó como recuerdo al bisabuelo de José A. Vicuña.

A estas alturas la historia de la visita de Rubén Darío había sido eclipsada por el mundo quijotesco de Vicuña, el escribidor callado sólo observaba, de pronto Vicuña nos dice que quiere enseñarnos el interior de su amplísima casa, imagínasela por enormes secciones e ingresamos a la primera y allí nos encontramos con una biblioteca no enorme, pero si selecta, lo primero que nos enseñó fueron 18 colecciones especializadas del Quijote, ¡increíbles!, pero la atracción más penetrante siguió siendo el vasto universo de Quijotes, y con esa permanente mirada de asombro nos encontramos con un Quijote grabado por Salvador Dalí. José A. Vicuña nos cuenta que esta joya de Dalí se la regaló un amigo estadounidense en 1991, y que él en reciprocidad le obsequió una moneda conmemorativa del eclipse solar del jueves 11 de julio del mismo 1991.

Como niño emocionado no dejaba de ver, preguntar, en ocasiones el amable anfitrión, hoy ya convertido en Amigo, nos narraba la historia de algunos Quijotes, noté desde un inicio que nos mostraba varios Quijotes que le regaló su querido amigo el finado Cardenal Sergio Obeso Rivera, cuenta el amigo Vicuña que cada último miércoles del mes el Señor Sergio Obeso iba a comer a su casa y siempre le llevaba un Quijote de regalo, y así, seguíamos conociendo la casa y más quijotes aparecían, banderas de España, letreros de corridas de toro, a lo lejos de esa sección de la casa se veía una enorme barrica, pensé que era el final de esa sección y la tenían de adorno, nos acercamos y vemos que abre la barrica y al interior hay unas escaleras que te llevan al piso de abajo a una inigualable cava, bajamos y la experiencia es única, nos sentamos y el generoso y amable amigo abrió una botella de vino y empezó a narrarnos historias de vinos, objetos, etc. que se encuentran en la cava y en este sensacional ambiente empezamos a hablar del Quijote.

José A. Vicuña inicia el dialogo preguntándome cuántas veces he leído el Quijote, le contesté y la respuesta nos llevó a platicar del Quijote apócrifo, coincidiendo que ese Quijote al ser nombrado por los personajes del Quijote original ya es parte de la grandeza del mundo quijotesco, así como los estudios eruditos de Miguel de Unamuno, Azorín, José Ortega y Gasset, Martín de Riquer, etc. Vicuña me preguntó si he estado en España, le contesté que no y él amablemente y con mucha sencillez y emoción nos relató que él viaja a España año con año (este no por COVID), pero que para él visitar Alcalá de Henares y los pueblos de la Mancha es como una peregrinación religiosa.

En este momento juntos empezamos a recorrer imaginariamente algunos pueblos donde cabalgó don Quijote, le expresé al amigo Vicuña que gracias a “La ruta de Don Quijote” de Azorín, tuve la oportunidad a través de la lectura de viajar y recorrer muchos poblados donde el personaje de la triste figura vivió sus andanzas, y por supuesto que le solicitaba al amigo Vicuña que nos siguiera contando como eran esos pueblos que él si ha podido visitar físicamente, mientras la plática fluía, Rosy, José A. Vicuña y el escribidor chocábamos cristales y disfrutábamos de las copas de vino e inspirados completamente por el espíritu quijotesco y acompañados por el Dios griego Dioniso, concluimos la velada recitando parte de un bello poema de Rubén Darío, precisamente en la casa donde estuvo Rubén Darío, poema titulado:

Letanía de nuestro señor Don Quijote.”

Rey de los hidalgos, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón.

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad…”

Esta ha sido mi experiencia, hoy la comparto con ustedes, me alienta y anima saber que en este mundo vacío y a veces cruel, todavía hay gente de bien, y mientras haya quijotes cabalgando, el mundo seguirá soñando…

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