Columnas

Argentina y la interrupción del embarazo

Raúl Contreras Bustamante

 

Feliz año 2021 para todos los lectores

 

La atención de América y el mundo entero en la última semana del 2020 se dirigió hacia el extremo sur del continente. La razón fue que el Congreso de la República de Argentina aprobó mediante una votación histórica y cerrada —38 votos a favor, 29 en contra y una abstención— la Ley de Regulación del Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo y a la Atención Postaborto.

La lucha en aquel país albiceleste por legalizar la interrupción del embarazo ha sido larga y dificultosa. Se remonta a 1921, cuando mediante una reforma a su Código Penal se establecieron los casos de excepción y en la que sólo se permitía el aborto en casos de violación o cuando la salud de la madre estuviera en riesgo.

El intento más reciente de esta causa se llevó a cabo en el 2018, cuando un fuerte movimiento social apoyó con fuerza la causa y el proyecto que buscaba legalizar la interrupción del embarazo fue aprobado por la Cámara de Diputados, pero el Senado rechazó el proyecto por un margen muy estrecho de votación.

La Ley aprobada por el Congreso argentino permitirá ahora a las mujeres poder interrumpir su embarazo dentro de las primeras 14 semanas de gestación y consagra la objeción de conciencia de los médicos que se nieguen a practicarlo.

La aprobación legal es admirable, pues se logró sacar adelante a pesar de la oposición de poderosos grupos conservadores; de una fuerte resistencia de la Iglesia Católica y que en el artículo 2º de la Constitución Argentina se establece que: “El gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”. Pero esta vez las variables fueron distintas.

La razón más significativa fue que “la marea verde” —nombre con el que se conoce a los grupos que apoyan la legalización— tuvieron al presidente Alberto Fernández de su lado, quien presentó en noviembre pasado un proyecto para legalizar la interrupción voluntaria del embarazo, asumiéndose de propia voz como “el primer abanderado de este reclamo”. Él es un abogado de tendencias liberales y maestro universitario de cepa que llegó a la Casa Rosada gracias a sus promesas de campaña —entre ellas, la de luchar por hacer de la interrupción del embarazo una realidad—y ahora da respuesta al reclamo de una parte importante de la sociedad argentina, en especial de los planteamientos de la juventud, de quien él mismo ha expresado que “son la conciencia crítica de todas las sociedades”.

La interrupción legal del embarazo es sin duda un tema que divide las opiniones de todas las sociedades, pero es innegable reconocer la importancia que como fenómeno social reviste. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, entre 2015 y 2019 en el mundo hubo un promedio anual de 73.3 millones de abortos provocados. Y tres de cada cuatro abortos practicados en América Latina se realizaron sin condiciones de seguridad e higiene.

Hasta ahora en América Latina la interrupción legal del embarazo sólo se permite en Uruguay, Cuba, Guyana, Guayana Francesa, Puerto Rico y en algunas entidades federativas de México, como la Ciudad de México y de manera reciente, en Oaxaca. Como en otros temas, estamos ante la presencia de un problema de salud y de educación, porque una adecuada y científica educación sexual permiten de manera racional e informada a las personas —y en especial a los jóvenes— poder hacer uso de métodos anticonceptivos y decidir con libertad respecto del número y espaciamiento de los hijos que deseen concebir.

Este tema se considera por los grupos defensores de los derechos de las mujeres como un gran triunfo.

Como Corolario las palabras del poeta español, Pedro Calderón de la Barca: “¡Venciste mujer! Con no dejarte vencer”.

(Tomado de Excélsior 02 01 21)