Columnas

Por un futuro igualitario

Raúl Contreras Bustamante

 

En el año de 1975, la Organización de las Naciones Unidas conmemoró por vez primera el Día Internacional de la Mujer. Designado el 8 de marzo para recordar —y mal entendido por muchos, como un día para celebrar—, se trata de una conmemoración alrededor del mundo que busca concientizar sobre la importancia de empoderar a las mujeres en todos los ámbitos, proteger sus derechos y garantizar el ejercicio pleno de los mismos.

Las mujeres representan la mitad de la población a nivel mundial, por lo que la búsqueda por la igualdad de género es un tema que debe preocupar y ocupar a la humanidad entera.

Es la violencia contra la mujer —sin duda— uno de los temas que más alarman. Sólo para dimensionar el tamaño del problema: una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual y hay evidencia científica que señala que 200 millones de niñas-mujeres han sufrido mutilación genital, entre otras cosas.

Según datos ofrecidos por el Inegi, 66 de cada 100 mujeres en México han sufrido al menos un incidente de violencia —de cualquier tipo— a lo largo de su vida. Así también, el 44 % de las mujeres han sido agredidas por su pareja actual o en la última relación, aumentando al 53% si se toma en cuenta las agresiones sufridas por personas conocidas distintas a su pareja, durante su vida.

Las agresiones contra las mujeres se presentan en todos los ámbitos y de diferentes maneras: desde violencia física, sexual, emocional, laboral y económica. Sin dejar de mencionar la violación y el feminicidio, que es el asesinato perpetrado contra la víctima por el sólo hecho de ser mujer.

En el ámbito laboral, 60% de las mujeres de todo el mundo trabajan en la economía informal; ganan cerca de 23% menos que los hombres; ahorran menos y corren un mayor riesgo de caer en la pobreza.

Ocupan cargos de menor importancia que los hombres y tienen una presencia inequitativa en las actividades públicas y políticas. Por ejemplo, su participación en los parlamentos del mundo es significativamente menor, ya que ocupan apenas el 24% de los escaños legislativos.

Aunado a las dificultades que a lo largo de la historia han enfrentado las mujeres, hoy se suman las circunstancias, que, impuestas por la pandemia, han marcado un retroceso en materia de derechos para las mujeres.

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer volvió a motivar manifestaciones en la capital de la República y en varias ciudades del país. Mujeres que conocen, exigen y luchan por sus derechos y que han decidido alzar la voz y visibilizar ante la sociedad entera la violencia y discriminación contra ellas, que debe ser intolerable.

El último siglo fue sin duda un periodo de grandes avances para las mujeres. Sin embargo, el gran cambio que necesitamos generar en materia de igualdad de género sólo se conseguirá si gobierno y sociedad somos capaces de entender que el cambio requerido va más allá de las declaraciones, las reformas legales y los acuerdos internacionales que lo estipulan. La gran revolución que se requiere es la del pensamiento y la educación.

La construcción de una nueva cultura social que comprenda y acepte que la igualdad entre mujeres y hombres es impostergable e indispensable para garantizar el desarrollo económico y la paz social. La lucha por los derechos de las mujeres hoy más que nunca debe apoyarse: no es una moda, sino la dignidad misma de la especie humana.

Como Corolario la frase de la abogada estadunidense Michelle Obama: “La diferencia entre una comunidad rota y una próspera es la presencia de una mujer que es libre”.

(Excélsior 13 03 21)