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Tiempo mexicano abre la puerta a un pasado contradictorio 

  • Intelectuales analizaron el martes 18 de mayo la obra de Carlos Fuentes, en la octava edición de la cátedra que lleva su nombre 

Xalapa, Ver., 19 de mayo de 2021.- Carmen Iglesias, directora de la Real Academia de la Historia (RAH) de España; Héctor Aguilar Camín, periodista e historiador, y Roger Bartra Murià, antropólogo y sociólogo, reflexionaron en torno al contenido de la obra Tiempo mexicano, del escritor Carlos Fuentes, publicada en 1971. 

Este encuentro virtual tuvo lugar el martes 18 de mayo, en el marco de la octava edición de la Cátedra Interamericana “Carlos Fuentes” (CICF) “Tiempo mexicano: 50 años después”, realizada por la Universidad Veracruzana (UV). 

En la Mesa 1 “Tiempo histórico”, los panelistas fueron moderados por Víctor Arredondo Álvarez, secretario de la CICF, quien subrayó que este evento es un motor importante que ha propiciado el intercambio de ideas no sólo alrededor de las obras del escritor mexicano, sino de los principales autores en lengua española. 

Dijo que Tiempo mexicano es un libro relacionado con la historia y perspectiva mexicana, “tiene que ver con nuestra relación en el continente, con las relaciones históricas de nuestras raíces de la península ibérica”. 

Carmen Iglesias, también historiadora y experta en el siglo XVIII, quien desde el año 2000 es una de las cinco mujeres que han logrado ocupar la dirección de la RAH, se refirió a Carlos Fuentes como un escritor de culto y toda una referencia en su país desde mediados de los años sesenta y principios de los setenta. “Era un escritor muy interiorizado por muchos de nosotros”. 

Sobre la obra en discusión, comentó que se trata de una lectura subjetiva muy propia de los años setenta, donde la historia, literatura y política convergen, dando curso a las utopías. 

“Nos hace ver que hay que aprender a vivir con huecos y fragmentos, que no todo puede encajar, sino que debemos asumir ese conflicto constante, intentar aproximarse a la utopía pero sabiendo que nunca van a volver esos edenes perdidos, es decir, que los hechos históricos son irreversibles.” 

En tanto, Héctor Aguilar mencionó que 1968 es el año canónico del cambio de la crisis de consciencia de México, y 1971 es el punto de llegada de la represión tolerable, particularmente en el escenario moderno y en las clases universitarias. 

Sin embargo, el verdadero proceso de descomposición de ese régimen continuó con los malos resultados del gobierno de Luis Echeverría Álvarez, que después tuvo un resurgimiento con el auge petrolero de José López Portillo, de 1976 a 1982. 

Explicó que dicho auge terminó en una crisis económica y el desequilibrio de las finanzas públicas, y abrió un horizonte al siguiente gobierno conocido como el de la crisis. A partir de 1982 y de la nacionalización de la banca, México vive una crisis sistemática con altas inflaciones. 

El también escritor, novelista, historiador y articulista, subrayó que la primera gran crisis propiamente democrática del país se dio en 1988, y se debió a un hecho político que poco tiene que ver con el 68 y el 71, y es la escisión del partido hegemónico nacional (el PRI), llevado a cabo por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, hijo del general Lázaro Cárdenas del Río. 

“Es ese momento el que ya no tiene regreso, a partir de que se fractura el PRI hay sensación térmica de que hubo un fraude intolerable, político, sistemático.” 

Ahí empezó la apertura democrática con reformas políticas que hicieron factible la aparición de la oposición en la vida pública y con la posibilidad de poder ganar las elecciones, hecho que se logró hasta el año 2000, después de otra gran crisis económica, la de 1994. 

“La crisis del 68 hay que asociarla con las del 71 y 82, la crisis electoral del 88 ya no tiene regreso porque la economía quedó destruida por las decisiones de ese sistema, como por la realidad política y social de entonces.” 

En tanto, Roger Bartra, académico formado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, lamentó haber releído Tiempo mexicano después de escribir su libro Regreso a la jaula, pues ambos tienen una estrecha relación y lo pudo haber ayudado a entender lo que ocurre hoy en día en México. 

Catalogó la obra de Fuentes como una panorámica de los tiempos de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echevarría Álvarez y hasta de José López Portillo, de ese periodo contradictorio y terrible por la represión del 68, de los estudiantes y campesinos. “Desde la perspectiva actual, quienes vivimos en esa época como estudiantes fue bastante indeseable”. 

Expresó que su contenido abre la puerta a ese pasado en el que se cocinaron los cambios que vendrían más adelante. 

En tanto, su libro Regreso a la jaula es una reflexión de la imposibilidad de regresar a aquellos tiempos tan terribles del despotismo nacionalista revolucionario y el riesgo de invocarlos. “Es una crítica frontal y directa al gobierno populista de Andrés Manuel López Obrador”. 

Un gobierno que desde su parecer refleja esa imagen de retorno a un tiempo que no sólo está marchito, sino que ya desapareció, pero intentar volver a él puede ser una verdadera locura y provocar una enorme desgracia en el país en los próximos años, o incluso meses. 

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