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Confirma la UV: no regresará a clases presenciales

Arturo Reyes Isidoro

Contrario al gobierno del estado que tiene dispuesto hacerlo, la Universidad Veracruzana no regresará a clases presenciales y solo lo hará en caso de que el semáforo epidemiológico esté en verde durante cuatro semanas consecutivas –todo un mes– en todas las regiones universitarias.

Desde el pasado 16 de julio, al iniciar el periodo vacacional de verano que concluirá el viernes de esta semana, la casa de estudios emitió el mensaje “Cómo serán las clases durante el periodo escolar agosto 2021-enero 2022”, que actualizó ayer. A punto del retorno a clases, que serán virtuales, no lo ha modificado.

Así, la universidad pública más importante del sureste del país desdeña la disposición del presidente Andrés Manuel López Obrador, secundada en el estado por el gobernador Cuitláhuac García Jiménez, de que “llueva, truene o relampaguee” las clases se van a reiniciar a finales de este mes.

La disposición de la UV cobra mucho sentido porque la tercera ola de Covid-19 tiene llenos los hospitales del estado ya que han aumentado los casos de contagio incluso en personas que han sido vacunadas.

Si bien el presidente López Obrador llamó a “ser respetuosos” y expresó que “nada se puede hacer por la fuerza”, que si los padres “no quieren que vayan sus hijos a la escuela, pues no los manden, son libres”, que el regreso a clases presenciales “no es obligatorio, es voluntario”, en Veracruz las autoridades no se muestran flexibles.

El pasado 27 de julio, en entrevista con reporteros, el gobernador confirmó el regreso a clases aunque el semáforo epidemiológico de la entidad se encuentre en color rojo. Argumentó que en Veracruz ya se vacunó contra el Covid-19 a la población de mayor riesgo.

En la UV, priva la sensatez. Bien.

Ruiz Saldaña, out, reconfirma la Junta de Gobierno

A propósito de la casa de estudios, en un comunicado del pasado martes, la Junta de Gobierno de la UV confirmó que dejó fuera de la lista de aspirantes a la rectoría a José Roberto Ruiz Saldaña, porque no cumplió con los requisitos señalados en la convocatoria, al no tener cuando menos cinco años de servicio docente, de investigación, de difusión de la cultura y extensión de los servicios, preferentemente en la universidad, incumpliendo con la fracción III del Artículo 37 de la Ley Orgánica.

Con su decisión, la Junta de Gobierno marcó su autonomía pues voces interesadas manejaron en su momento la versión de que el consejero electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) llevaba ventaja para sustituir a la doctora Sara Ladrón de Guevara pues era el “candidato” del gobernador, “de Morena” y que además tenía el aval del INE.

Así, el número de aspirantes al cargo de rector o rectora se redujo a 13. A finales de este mes se conocerá quién será la nueva autoridad universitaria.

En octubre, el informe de resultado de la Cuenta Pública 2020

Hasta donde se sabe, y mientras varios entes buscan cómo solventar las observaciones que les hizo el ORFIS en el resultado de la Cuenta Pública 2019, este año el órgano regularizará su trabajo y en octubre, dentro de dos meses, como lo marca la normatividad, presentará el resultado de la Cuenta Pública 2020.

Así que a varios servidores públicos y exservidores les puede agarrar los dedos de la mano la puerta, ya que se les pueden acumular dos pendientes. Desde antes de que se entregara el informe de resultados de la Cuenta Pública 2019 se sabía que había casos en que funcionarios no habían podido solventar observaciones porque carecían de la documentación necesaria y no se veía que lo pudieran hacer.

Por ahora, lo mismo el gobernador Cuitláhuac García Jiménez que el secretario de Finanzas José Luis Lima Franco y otros funcionarios y presidentes municipales “observados” han dicho que ya solventaron o que van a solventar, por lo que no tendrán problemas, aunque habrá que esperar a lo que diga la Comisión de Vigilancia del Congreso local, que está revisando.

No es lo mismo estar aislado, que encerrado

Quince días después de que salí del hospital, tras sufrir contagio de Covid-19, sigo reflexionando en la gran diferencia entre estar aislado y estar encerrado, lo que entendí más a cabalidad cuando enfermé y cuando estuve casi inmóvil en mi cama de enfermo, y porque la ola de contagio no cesa, los hospitales están llenos y muchas personas siguen sin cuidarse, sin tomar precauciones y cayendo finalmente víctimas del mal del siglo.

Pensaba yo que encerrado podía moverme en mi casa libremente, pero aislado no tenía posibilidad de mayor libertad y no podía salir de las cuatro paredes en las que me enclaustré para evitar contagiar a los míos. Era como si estuviera en una prisión. Definitivamente no era lo mismo.

Confieso que me acordé de Javier Duarte, quien después de tener todos los privilegios que da el poder político y que disfrutó como gobernador, terminó en un encierro carcelario, si bien se sabe que goza de ciertos privilegios en la cárcel mexicana, que no gozó en la de Guatemala cuando lo recién aprendieron.

Estuve pocos días en el hospital, para mi fortuna, pero poco a poco estaba perdiendo la noción del tiempo, porque no podía ver la luz del día, si bien nunca me faltó la luz artificial porque las 24 horas permanecían encendidas lámparas por el tráfago de médicos, enfermeras y camilleros que iban de un lado a otro para atender a los pacientes.

¿Luego de más de cuatro años en prisión, llevará Duarte la cuenta de en qué día, mes y año está? ¿Le interesará sabiendo que no saldrá hasta dentro de cinco años, si no es que más porque lo siguen acusando de otros delitos?

Cómo recuerdo que cuando lo sacaron del hotel en que estaba y lo llevaron a la prisión militar de Matamoros, en la capital guatemalteca, solicitó a la Dirección del Sistema Penitenciario que se le permitiera tener en su celda tres cosas: un colchón para poder dormir, un ventilador pequeño y una lámpara porque no había luz. Allá no se los concedieron. Era un reo y como tal lo trataron.

En México tal vez se las concedieron, si se sabe que a diario le pasan comida del exterior, pero lo que no se cree es que tenga luz, o al menos suficiente, pues en las prisiones entre ocho y nueve de la noche las apagan todas y aquello queda oscuro.

Cuando lo pensaba, me felicitaba y agradecía que en la sala en que estaba, en “mi” espacio, me permitían encender una lámpara para leer, a la hora que fuera, que a veces creía que ya eran las seis o siete de la mañana y me decían que apenas eran las dos de la madrugada, porque acababan de hacer cambio de turno.

Pero esas cosas se reflexionan obligados por las circunstancias. Muchos ya vivimos la experiencia y sobrevivimos para contarlo. Bastantes de los que se han mantenido a salvo creen que no les va a pasar nada y, como dijo ayer el secretario de Salud de Nuevo León, les vale. Sinceramente no deseo que nadie se contagie, pero en algunos casos será inevitable. Ya entenderán entonces lo que hoy comento.

Categorías:Columnas, Prosa

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