Columnas

77 años: tres grandes invitados (3)

Manuel Zepeda Ramos

En los artículos que preceden a esta serie que trata de rememorar algos datos de la historia de la Universidad Veracruzana que de vez en cuando no está mal hacerlo y recordarlo, me he congratulado de la selección hecha por el nuevo rector en su primer acto público y a pocas horas de haber tomado posesión, de documentos pronunciados por sus autores en las correspondientes entregas de sus doctorados honoris causa en actos públicos y fundamentales para la memoria universitaria, de tres personalidades que son amigos de la UV y enorgullecen a nuestra Casa; uno de ellos, Enrique Florescano Mayet, egresado de sus aulas y constructor de una carrera prolífica de creación intensa en torno a la investigación y la escritura, a la edición de libros y revistas y a la administración de proyectos culturales fundamentales, para la preservación de nuestra memoria como nación.

Esos fragmentos muy bien escogidos, enmarcan a la perfección conceptos fundamentales de universidad, universidad pública y los que atañe directamente a nuestra Casa.

Me gustaría decir que la UV ha sido una institución educativa que ha sabido evolucionar al “son” -estamos en Veracruz-, que el México contemporáneo ha exigido.

Nació como universidad pública no autónoma y como tal creció al amparo de la máxima autoridad elegida periódicamente por el designio popular, con autoridades -el gobernador era la máxima autoridad de la Casa, arriba del rector; el gobernador lo nombraba-, que supieron construirla, cuidarla y adorarla. Pero la UV creció y los tiempos cambiaron. Entonces, la UV no dudó en dar otro paso más en su construcción y lo hizo: la Universidad Veracruzana se volvió autónoma en la construcción de su historia.

Así, lleva casi 25 años en los que ha crecido y enfrentado asuntos principales en su responsabilidad por ella asumida: el mandato del 1918 y los grandes pilares en la docencia, investigación y difusión de la cultura; el plantearse como universidad descentralizada en una geografía poco común de nuestra tierra y en darle un giro radical a la formación de sus egresados.

Por eso me atrevo a decir que la UV ha llegado a la edad madura de poder emprender los grandes retos, que no la espantan,  y que sí la colocan -digo yo-, en un futuro promisorio en donde deberá contar con la participación de su gran comunidad.

Con aplomo, la nueva autoridad no duda en trazar una línea recta -de inmediato pienso en que la distancia mas corta entre dos puntos es la línea recta, asunto por mi asumido desde hace tiempo-, que una al pasado con el futuro. y eso, aquí lo digo, me emociona.

El rector argumenta: “hoy, los 77 años de vida la UV los cumple en un contexto social nacional e internacional completamente distinto.

Es el mando de la globalización; de las fronteras desdibujadas -si no es que borradas por completo-; mercados abiertos a la más pura y descarnada competencia; de las tecnología de la información y de la comunicación; de internet y de facebook; de las redes sociales y ahora, hoy día, de la pandemia; es decir, de uno de los retos más grandes y difíciles a que se haya enfrentado el Mundo de nuestros días”.

Apunta: “Las Ciencias Sociales, las Ciencias Exactas y Experimentales y las Artes, tienen que compartir proyectos y espacios interdisciplinarios, promover la investigación vinculada a la docencia para garantizar una transmisión del conocimiento actualizado, acorde a las nuevas realidades que enfrentamos. En este sentido, las herramientas tecnológicas serán un apoyo imprescindible y le daremos la atención que el nuevo momento demanda”, concluyó.

Debo decir que no podría estar más de acuerdo.

Trae a mi memoria la preocupación que se tenía en los cincuentas, en Europa, acerca de la separación galopante entre las Ciencias y las Humanidades. Mario Vargas LLosa -radiofónico hasta las cachas-, sugirió que esa dicotomía se resolvía con el auxilio de los medios de comunicación. Ganó el enorme escritor Peruano, gran nobel para alegría del español.

-nos vemos en el próximo-

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