Columnas

Nuevos cimientos para México

Por: Zaira Rosas

zairosas.22@gmail.com

Septiembre es un mes crucial en México, es cuando celebramos el orgullo de ser mexicanos, pero también recordamos a dos sismos que enlutaron al país, ambos un 19 de septiembre. El primero ocurrió en 1985 y el otro en 2017. Sin embargo, de manera coincidente es justo en este periodo del año en el cual se presentan múltiples sismos.

Por lo anterior cada 19 de septiembre se realiza un simulacro de manera nacional, para tratar de tomar las medidas necesarias ante un sismo real, evacuar de manera oportuna y ordenada, pero sobre todo ser solidarios y saber qué hacer durante y después de un evento semejante.

Actualmente, después de 4 años del sismo de 2017 aún hay miles de damnificados que perdieron su hogar, algunos por las condiciones de pobreza extrema en la que vivían, pero muchos otros por confiar en construcciones que se hicieron bajo total irregularidad. La Ciudad de México se vio sumamente afectada por el tamaño de los edificios, pero también en Oaxaca y Guerrero donde ya es lacerante la pobreza, hubo municipios que se sumieron en escombros.

Desde hace 31 años, en nuestro país se han presentado más de 208 mil temblores, las causas de estos son diversas, la más común y que todos conocemos, se debe al movimiento de las placas tectónicas, sin embargo existen otras causas, también en el subsuelo se puede acumular energía entre las rocas que ocasione un sismo, de igual forma hay temblores que se originan por actividad volcánica o por la erosión del subsuelo, provocando vacíos que con el peso ceden y generan vibraciones.

Considerando todas las posibles causas, es evidente que un fenómeno natural no puede predecirse, pero muchas de sus consecuencias letales sí pueden prevenirse. Comenzando desde la normatividad de construcción, el análisis adecuado de suelos y espacios para procurar que ante estas situaciones no existan pérdidas humanas.

Pese a que existan zonas en México donde las afectaciones son menores, es importante participar en cada simulacro, hacerlo en espacios públicos, pero también desde los hogares, ya que de ello depende saber actuar. Es indispensable que participen personas de todas las edades, así desde pequeños se va formando un aprendizaje colectivo y generamos mayor empatía con los demás.

#FuerzaMéxico fue uno de los hashtags más utilizados en 2017, donde día con día después del 19 de septiembre se alimentaba la esperanza por rescatar con vida a más personas de entre los escombros, nos unimos como nación enviando todo tipo de víveres, gran número de jóvenes se sumaron como voluntarios, sin embargo, años después un sinfín de familias siguen sin respuesta respecto a los apoyos prometidos.

Ante estas situaciones países como Chile, donde también se han visto lastimados por catástrofes semejantes, han impulsado la creatividad de nuevas generaciones para construir de manera distinta, más consciente y amigable con el entorno, generando espacios que no por ser para resguardo o subsanar a damnificados pierden su belleza.

México necesita aprender de ello, crear nuevos cimientos con la esperanza y el aprendizaje de estos eventos. Cimientos cargados de solidaridad, escudriñados debidamente, alejados de la corrupción y pensados en sostener a los más débiles, que no por endebles pesan menos, pues son la mayor parte de nuestro país.

Así que además de sumarnos a simulacros pensemos en cómo aportar a un entorno más seguro y justo para todos. Ensayemos una y otra vez cómo ser mejores ciudadanos, cómo contribuir a nuestra nación, hasta que la prevención sea parte de nuestro ideario y en la realidad en vez de miedo contemos con la certeza de que, aunque retiemble en sus centros la tierra, estaremos siempre unidos.

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