Columnas

77 años: tres grandes invitados (4)

Manuel Zepeda Ramos

III asuntos III: puede interesar:

I.- Al término de la licenciatura -finales de los 60, principios de los 70s, obviamente del siglo pasado-, medio centenar de pasantes de diferentes disciplinas de varias universidades de la CDMX y uno que otro ya profesional, nos fuimos a la sierra de Chiapas. Otros también se fueron a la sierra, a varias, no a la chiapaneca, pero para hacer la guerrilla. Nosotros no: fuimos hacer servicio social, a nuestro modo, porque queríamos agradecerle al pueblo a lo que pudimos acceder: una carrera profesional. Escogimos El Provenir, nombre paradójico de un municipio a 3 mil metros de altura que reunía todas las condiciones de pobreza…y de belleza. A lo largo de lo años pudimos hacer muchas tareas y algunas obras -terrazas de cultivo-, que hoy se siguen usando como desde el primer día, cuando las inauguramos llenos de entusiasmo. Llegamos a trabajar en varios municipios de la sierra. Enseñanza inolvidable que nos marcó para toda la vida. Quien quiera saber más de esta experiencia, puede consultar el Facebook de Manuel Zepeda y buscar la serie de cinco capítulos: Nobel y pobreza.

II.- En diciembre del año pasado tuve la oportunidad de dar una conferencia virtual a los becarios del FONCA en artes escénicas. Conversamos dos horas, con un gran entusiasmo por la novedad. Por supuesto, empecé con El Porvenir y seguí con el teatro Petul -teatro de títeres-, que hicieron en los años cincuenta en San Cristóbal de las Casas Rosario Castellanos, Carlo Antonio Castro -ya trabajaba la gramática Tzotzil y Tzeltal, por la que obtuvo el premio Chiapas-, Carlos Jurado y Marco Antonio Montero. Todos, lamentablemente, ya no están entre nosotros. También les hablé del teatro campesino que, gracias al trabajo de investigación de Carlo, pudieron montar obras de teatro con actores indígenas de carne y hueso y libretos escritos por poetas y narradores, también indígenas. Me atreví a decirles que no todos habrían de ser actores o bailarines o músicos. Una puesta en escena requiere del auxilio de escenógrafos, vestuaristas, tramoyistas e iluminadores y que la universidad de Texas ofrece maestrías y doctorados en esas disciplinas. Les dije, entre otras muchas cosas más, que el lenguaje de las artes escénicas es un excelente vehículo para comunicar cualquier mensaje que el conocimiento quiera poner al alcance de las mayorías, en cualquier escenario. Ya me volvieron a invitar.

III.-La línea recta que ha trazado el rector entre el pasado y el futuro para que se unan, toca varias variables aquí dichas. Ese panorama, quizá desolador por él descrito, real, pudiera encontrar en la Universidad Veracruzana un excelente caldo de cultivo por la experiencia acumulada en la radio, la televisión, las artes escénicas. Sería maravilloso ver trabajar, como lo propone, actores con maestros e investigadores, o músicos con científicos exactos de las ciencias de la Tierra para despertar vocaciones inéditas entre los futuros profesionales. Lo mismo va también para los bailarines y los depositarios del conocimiento. Estaremos hablando, por fin, de una real comunidad universitaria, generadora de un lenguaje vulgarizado y necesario al servicio del desarrollo. Las redes sociales han abierto un espacio infinito que puede poner el conocimiento y el encanto al alcance del Mundo…y más allá. La imaginación y el buen gusto habrá de ser el aliado del conocimiento y su divulgación. Debe de ponerse en práctica.

-nos vemos en la quinta entrega-

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