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Constitución: 105 años de su promulgación

Raúl Contreras Bustamante

Este día 5 de febrero, se cumplen 105 años de que fue promulgada la Constitución que rige nuestra vida social y política en Querétaro. Este hecho es muy importante para la cultura nacional, no sólo como una efeméride histórica, sino como un acontecimiento que determinó y encausó el destino de México.

Fue la primera Constitución en el mundo en establecer los derechos sociales, los que fueron tomados por casi todas las constituciones y organizaciones internacionales, mismos que se han venido transformando en auténticos derechos humanos, como lo es la educación.

Establecer como obligación del Estado la impartición de la educación de manera general, laica y gratuita significó que la impartición del conocimiento dejara de ser un privilegio exclusivo de las élites aristocráticas y religiosas y se pusiera al alcance de todos los mexicanos, sin importar su clase social.

En materia del trabajo y cuestiones agrarias, se establecieron amplios capítulos legislativos que modificaron de forma sustancial las razones y conflictos sociales que habían generado la Revolución. Conviene recordar que, por el año de 1917, la población mexicana andaba alrededor de 17 millones, de los cuales el 80% vivía en zonas rurales y era en su amplia mayoría analfabeta.

Nuestra Carta Magna es un símbolo de identidad nacional. Muchos la critican y pocos la conocen, pero todos la invocan. Ha permitido que México sea el país con más estabilidad política de América, porque también Estados Unidos y Canadá no han estado exentos de desequilibrios políticos.

El texto original de nuestra Carta Magna ha crecido —a más de un siglo de vigencia— de manera excesiva y reglamentaria. La razón es su misma importancia política.

Durante los 70 años del predominio del Partido Revolucionario Institucional, la Constitución se reformaba —casi siempre— al inicio de cada nuevo mandato, pues el Presidente de la República mandaba un paquete de reformas constitucionales plasmando el ideario y la ruta a seguir. Es decir, la norma suprema se usaba para tratar de dirigir y acelerar el cambio social.

A partir de 1997, en que ningún partido político ha logrado controlar las dos Cámaras del Congreso, la Constitución se ha venido reformando con base en acuerdos y consensos partidarios. Pero como el factor fundamental de este tipo de pactos es la desconfianza, se han llevado al texto constitucional los convenios de manera extensa y detallada, como garantía de cumplimiento y respeto.

A lo largo de la vida constitucional que hoy festejamos, se han dado 3 alternancias políticas en la Presidencia de la República y en casi todas las entidades federativas, en condiciones de normalidad democrática.

Desde algunos rincones de la academia y distintos sitiales políticos se han escuchado voces que dicen que nuestra Carta Magna ya no es útil por ser muy antigua y por haber sido tantas veces reformada; y que, por lo tanto, se requiere una nueva.

Pero esos argumentos están equivocados. Todas las constituciones aspiran a tener una “pretensión de eternidad”, porque una ley fundamental entre más antigua es más enraizada —por ejemplo, la norteamericana, con sus más de dos siglos de existencia— y una Constitución muy reformada es sinónimo de ser muy revisada y actualizada.

El mejor homenaje que se le puede hacer a nuestra norma suprema es leerla, estudiarla y defenderla. Es hoy por hoy, el más importante instrumento para el control político y mejor medio para evitar los abusos de los gobernantes.

Como Corolario, la idea de del maestro Peter Haberle: “La Constitución es creadora del momento de la estabilidad y permanencia”.

(Excélsior 05 02 22)

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