Columnas

Un regio dilema

Héctor Herrera Argüelles

“Hay cuatro cosas que ponen al hombre en acción: interés, amor, miedo y fe”: Napoleón Bonaparte

El cerro de la silla que cobija a la industriosa ciudad de Monterrey es imponente. Plena de gente laboriosa, y de poderosas industrias, se enfrenta a una terrible crisis y a un dilema de sostenibilidad.

La falta de agua en la capital de Nuevo León y en 18 municipios conurbados, es el primer gran aviso de un problema añejo que no se atendió. Un apuro agravado por los efectos y consecuencias del cambio climático.

Sin políticas públicas hídricas, ni la participación ciudadana ni de las grandes industrias, la emprendedora ciudad está destinada al colapso. Ante la crisis, el presidente López Obrador ha dicho que, las industrias del agua, refrescos y cerveza, entre otras, deben pensar seriamente en mudarse al sur del país, porque Monterrey seguirá teniendo serios problemas de operatividad debido a la escasez del vital líquido.

En los próximos años, la ciudad regia cambiará radicalmente su actual composición. El dilema que enfrenta Monterrey, y muchas grandes urbes en todo el planeta, es encontrar un nuevo equilibrio entre ganancia y sostenibilidad.

A semanas de que estalló la crisis del agua en Nuevo León, el gobierno federal decidió tomar el toro por los cuernos para reforzar las acciones de apoyo a la entidad con inversiones superiores a los 20 mil millones de pesos, y la posibilidad de que el gobierno pueda disponer del agua que poseen los concesionarios.

Con la decisión del gobierno federal de calificar la crisis de desabasto de agua como un “asunto de seguridad nacional”, el presidente López Obrador lanzó un serio y simbólico mensaje: el agua es de tod@s y para tod@s. Se acabaron los privilegios.

El primer mandatario tuvo que resolver la crisis que, el gobernador Samuel García no pudo o no quiso atender. García no quiso “molestar” a los más de 100 grandes concesionarios de agua en la entidad, algunos de ellos, sus patrocinadores. Dejo que las cisternas se vaciarán, para que la Federación llegara a su rescate.

Entre líneas, los 100 concesionarios, entre ellos, refresqueros, cerveceros y empresas agroindustriales, sabían que, de no aceptar la cesión de una proporción de su reservorio de agua, la “seguridad nacional” podría dejarlos sin el vital líquido.

El tema es que, antes de la intervención del gobierno federal, ni el gobernador García ni los 100 concesionarios privados de agua en Nuevo León, intentaron en algún momento, sentarse para en conjunto, dar solución al problema. Esperaban que, la gracia divina o las bombas de nitrato provocaran las ansiadas lluvias, y les hicieran el milagro.

La crisis hídrica en Monterrey confirma que el cambio climático no es una teoría de conspiración, y recuerda que sus efectos son múltiples y atentan contra la estabilidad humana.

El ser humano no se está acabando el planeta, en realidad, lo que sucede con el cambio climático es que, el ser humano está en el camino de la autodestrucción.

La crisis hídrica en Monterrey debe ser un incentivo para encontrar soluciones a los problemas de “desgaste natural” que ha provocado el ser humano. Esperar que la gracia divina nos provea de lluvia, solo devela ignorancia, y un preocupante vacío de conciencia.

La crisis de desabasto del vital líquido en Monterrey es un ejemplo de lo que no puede suceder de nueva cuenta. En México, ni en ninguna parte del planeta, ya tienen cabida proyectos industriales que desestimen la sostenibilidad.

Es un hecho, que, el crecimiento rediseñado de México debe estar acompañado de proyectos que involucren a las comunidades, pero, sobre todo, que equilibren ganancia y sostenibilidad.

Lo que hay detrás de la falta de agua, es algo que ni Samuel García ni los 100 grandes concesionarios del agua en Nuevo León quisieron ver: un grave conflicto social en ciernes.

Y eso precisamente está detrás de las desatenciones ante las consecuencias y efectos del cambio climático: el riesgo de un estallido social.

De la libreta

  • Marcelo Ebrard está tan ocupado en sus labores diarias y en la sucesión presidencial que, ha descuidado los detalles de la operación diaria de la Cancillería. Acaban de nombrar al diplomático Juan Carlos Lara Armienta como presidente de la Comisión de Personal del Servicio Exterior, donde se decide el futuro de los diplomáticos de carrera. Lara Armienta está acusado de violencia doméstica en los Estados Unidos.
  • Especialistas de la Unam consideran que la actividad minera en México, es una “actividad de interés privado de escasa utilidad pública y con un elevado costo social y ambiental” y de un gran riesgo para quienes en ella trabajan. La mina de Sabinas es un recordatorio de ello.
  • La Fiscalía General de Justicia de la CDMX está ampliando sus investigaciones en torno al llamado “Cartel Inmobiliario” donde presuntamente está involucrado, Christian von Roerich, coordinador de la bancada del PAN en el Congreso de la capital del país. Las investigaciones se extienden a su familia. Lo que no ha dicho la Fiscalía es que, el objetivo central de la investigación es el senador del PRD, y ex jefe de gobierno, Miguel Mancera.

@HectorHerreraAR

Categorías:Columnas, Héctor Herrera Argüelles

Etiquetado como: