Columnas

Marcel proust, la grandeza de la memoria. (II) Centenario de su muerte.

En busca del tiempo perdido: “Por el camino de Swann, segunda parte.

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

Si hacemos un análisis íntimo sobre las sensaciones, emociones y acciones que más nos han marcado en el transcurso de nuestras vidas, detectaremos si somos profundos que el amor, la pasión y los celos han sido determinantes, y que aún de forma inconsciente aquellas experiencias que vivimos hace veinte, treinta o cuarenta años, según sea el caso, de una manera silenciosa siguen influyendo en nuestra forma de actuar, pensar, mirar, querer, soñar, rememorar, anhelar, en un sinfín de actitudes que naturalmente nos brotan, nos dominan, y que son parte sustancial de nuestra personalidad. Esta profunda y humana temática es delicadamente abordada por Marcel Proust en la segunda parte del volumen I, titulado: “Por el camino de Swann.”   

En esta segunda parte, Marcel nos contará la vida amorosa y al mismo tiempo un poco tormentosa de Carlos Swann, recordando que la familia de Marcel al inicio es muy allegada a los Swann. Toda la sociedad que aparece retratada en la obra completa: “En busca del tiempo perdido”, ostenta un estrato socioeconómico alto, son familias adineradas que pertenecen a la alta burguesía y nobleza francesa; algunos personajes, además de ricos, poseen un apellido de abolengo y con mucha historia y tradición; otros son ricos advenedizos. En el caso de Carlos Swann, él es un hombre de origen judío, y aunque esta característica representaba un menoscabo a su linaje por vivir y convivir con una sociedad racista, elitista y discriminatoria, su verdadero problema consistía en el rechazo que recibía de parte de la alta sociedad francesa, pues se había enamorado, obsesionado y casado con Odette de Crécy, con quien había procreado a su hija Gilberta, joven bella, con ciertos atisbos de coquetería, de quien estaba enamorado Marcel.    

En la historia viviremos muchas noches bohemias en pleno siglo XIX; en esas mansiones enormes, con amplios jardines, asistiremos elegantemente vestidos de frac y sombrero oliendo a finas fragancias francesas; beberemos vinos, champán, degustaremos de una rica cena escuchando música de piano de compositores que engalanan el ambiente como; Basch, Beethoven, destacando que la sonata preferida de Carlos Swann era la del musico Vinteuil, un personaje desconocido al lado de los otros monstruos de la música, pero que será un músico admirado y escuchado por los protagonistas. En estas bohemias Carlos Swann conocerá a Odette, una mujer guapa, alta, con porte, y aunque al inicio Swann la veía normal e incluso sin interés, con el paso del tiempo se irá enamorando de ella, amor que pasó a obsesión, a deseos de posesión única, exclusiva, y como Odette era de la vida ligera, cosa que Swann siempre supo, su amor se convirtió en pasión, y esta en tormento, porque el origen libertino de Odette le causaba celos, miedo a perderla.

Hay partes de esta historia que son descritas por Proust de una manera exquisita, fina, delicada. Si el lector en algunos puntos es sincero consigo mismo se podrá sentir identificado, particularmente en el tema de los celos, porque indudablemente todos en algún momento hemos sido víctima de ellos, y estos son más tormentosos cuando a sabiendas nos relacionamos con mujeres u hombres que han disfrutado su vida sexual sin limitaciones, o que incluso sus relaciones sexuales han sido el medio para lograr sus aspiraciones, literalmente Marcel narra los celos que sentía Carlos Swann por su amante Odette:

Pero, en seguida, sus celos, como si fueran la sombra de su amor, se complementaban con el duplicado de la sonrisa de aquella noche –pero que ahora se burlaba de Swann y se henchía de amor hacia otro hombre –, de la inclinación de su cabeza, pero vuelta hacia otros labios, con todas las demostraciones de cariño que a él le había dado, pero ofrecidas a otro. Y todos los recuerdos voluptuosos que se llevaba de casa de Odette eran para Swann como bocetos o proyectos semejantes a esos que enseñan los decoradores, y gracias a los cuales Swann podía formarse idea de las actitudes de ardor o de abandono que Odette podía tener con otros hombres. De modo que llegaron a darle pena todo placer que con ella disfrutaba, toda caricia inventada, cuya exquisitez señalaba él a su querida; todo nuevo encanto que en ella descubría, porque sabía que, unos momentos después, todo eso vendría a enriquecer su suplico con nuevos instrumentos.”

MN recuerda que un 18 de septiembre de 2013 a las 7:08 de la mañana escribió una carta a Mujer Bonita. Era una carta de desesperación, porque tenía aproximadamente un año que Mujer Bonita había decido terminar la relación. El problema era que MN seguía profundamente enamorado, puntualizando que la experiencia vivida con Mujer Bonita, previo al rompimiento unilateral de ella, había sido una experiencia extraordinaria; estaban juntos casi todo el día, hacían el amor a todas horas, ella se mostraba tan entregada a él, como MN con ella. Si una palabra puede describir los momentos de amor compartidos entre MN y Mujer Bonita, la palabra es “entrega”, y esta fue profunda, sentida, amorosa… No obstante, eso era el pasado al que MN no quería renunciar, empero, la realidad real y no la realidad imaginaria, le enseñaba que todo había acabado; sin embargo, cuando se está obsesionado la razón se entorpece, pierde claridad, objetividad, a ello hay que agregarle que con la obsesión llegan los celos, y estos pueden ser terribles, la prueba es parte del contenido de la carta donde MN expresaba:

Anoche no pude casi dormir. Todo el día de ayer estuve esperando una llamada, un mensaje, y nunca llegó. Por mi actual situación ahora tengo más tiempo para leer, y, sobre todo, pensar y sentir, y esta parte, aunque la disfruto, debo reconocer que es muy difícil, porque las noches que no puedes dormir sirven para aclarar muchas cosas, y en ese instante aparecen muchos pensamientos y hay que luchar contra ellos.

Uno de los pensamientos que vinieron es tan razonable, pero difícil de aceptar, así somos los humanos y más en mis circunstancias sentimentales: No te habló en todo el día y toda la noche, la semana pasada sólo pudiste verla el lunes y ¡toda la semana estuvo ocupada las 24 horas del día! No tuvo un pequeño espacio para ti, apenas hace un tiempo cuando sentía el mínimo interés de estar contigo, todo se podía, porque había voluntad, deseo de hacer las cosas, salían todo el tiempo, bueno, un día hasta se quedó en tu departamento. ¿Será que sale con alguien? ¡Es imposible que en todo este tiempo no haya salido con nadie! Pero, son pocos los motivos que te ha dado para pensar que sale con alguien, o acaso, ¿será tan fría y tendrá buen manejo de las cosas como para salir con alguien y tú no darte cuenta? Si sale con alguien: ¿no sentirá remordimientos cuando ve que la sigues queriendo con sinceridad y, sobre todo, intensidad?”

Carlos Swaan en pleno siglo XIX, y MN en el XXI, en la soledad de sus alcobas recordaban un acto de amor, un beso profundo, el olor de la persona amada, la intensidad de un orgasmo, los cuerpos entrelazados cuando terminaban juntos, la paz y la tranquilidad que ambos sentían. Pero, este mismo bello recuerdo les hacía pensar si todas esas intensas sensaciones ahora las vivían con sus nuevos amores.

Sabemos que este tipo de celos son espantosos y no llevan a ningún camino, empero, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, y no es que se esté haciendo una apología de los celos, ni mucho menos justificando actitudes que pueden llegar a ser indignas, porque sabemos que el amor equilibrado es producto de una educación sentimental y esta educación producirá un espíritu mesurado, sereno. Sin embargo, el hombre, por educado que sea, no es una máquina, no es un robot que se comportará de determinada manera. El hombre es un ser único que tiene la capacidad de acertar y errar, la capacidad de amar, celar, apasionarse, equivocarse, y conforme va viviendo va aprendiendo, y en el cúmulo de vida y aprendizaje se forjan hombres que con defectos y virtudes entendieron que la vida se construye con triunfos y fracasos.

Al final, Carlos Swann se casó con Odette, y aunque la sociedad francesa la veía como una prostituta, él disfrutó gran parte de su tiempo al lado de ella, tiempo que no fue perdido, porque es tiempo vivido, MN así lo ha comprendido…

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