Columnas

Los que medio saben

Sin tacto.

Por Sergio González Levet

Alguien en Facebook pregunta cuál es el participio pasivo de verbo “ser” y resulta muy preocupante que una gran cantidad de cibernautas respondió que es “siendo”. Y peor aún, muchos más siguieron poniendo que era “siendo”, incluso después de que varios conocedores del idioma explicaron claramente que el participio pasivo de “ser” es “sido”; que las terminaciones del infinitivo son “ar”, “er” “ir” (cantar, comer y vivir), las del gerundio “ando”, “iendo” (cantando comiendo), las del participio pasivo regular “ado”, “ada” (cantado, cantada), y las del participio pasivo irregular “to”, “so”, “cho” (abierto, impreso, dicho).

     Aparte, hay un participio activo en castellano, que tiene terminación en “ente” y “ante” (de calor, caliente; de cantar, cantante; de hablar, hablante -aunque se han universalizado y vuelto regla los femeninos de algunos, como presidenta, sirvienta-), pero ésa es otra historia.

     Con este comentario trato de resaltar que un problema de la educación en México es que muchos estudiantes egresan de sus carreras profesionales (en las decenas de universidades públicas serias, de los cientos de universidades públicas hechas al vapor, de las decenas de instituciones privadas de educación superior con reconocimiento y de los miles de universidades privadas patito) con conocimientos irregulares, parciales, encontrados y hasta falsos.

     Y el problema es que creen que ese conocimiento es válido, como quienes afirman alegremente y sin pensar que “siendo” es el participio pasivo del verbo “ser”. 

     Véase, los verboides se deben enseñar en la currícula de cuarto y quinto grado de primaria (al igual que las reglas de acentuación, ¡otro terrible arcano de nuestra formación!), y quienes aprueban esos grados deberían saberlo, pero resulta que nuestros niños salen de la primaria sin muchos conocimientos porque los maestros de las escuelas públicas andaban ocupados en pedir aumentos de sueldo, en marchas y en hacer destrozos, y los de las escuelas privadas llevando a misa a sus pupilos.

     El problema de México no es enseñar a los que no saben, sino que quienes piensan que saben se den cuenta de que tienen muchos conocimientos que son “fake” -para usar un término moderno-.

     En mi caso particular, como ejecutivo que he sido de periódicos me encontré con muchos egresados de las escuelas de comunicación públicas y privadas que se sentían los grandes reporteros, que recitaban frases enteras del charlatán de Marshall McLuhan, que hablaban de las corrientes mundiales del periodismo, ¡y no sabían escribir correctamente una oración simple! Ya no se diga escribir un párrafo con alguna intención comunicativa.

     Y así con los médicos que no saben inyectar, con los ingenieros que no saben que es una integral, con matemáticos que no saben despejar una incógnita (con una licenciada en Comunicación Social que no sabía que era un boletín).

     Bueno, y de los políticos hechos funcionarios públicos, ya para qué hablamos…

sglevet@gmail.com

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