Columnas

Embarazo en adolescentes

Corolario.

Raúl Contreras Bustamante

La adolescencia es reconocida como una etapa clave en la vida de las personas. Durante ella se viven transformaciones físicas, sociales y psicológicas que dan estructura y condicionan en gran medida la etapa adulta; y en consecuencia, la construcción de la ciudadanía. De ahí la importancia de su atención y cuidado.

Según la Organización Mundial de la Salud son considerados adolescentes las personas entre los 10 y 19 años de edad; y de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020, en México existen casi 22 millones de adolescentes; es decir poco más de 17% de la población.

Conocer los datos anteriores tiene especial relevancia, ya que hace unos días fue dado a conocer el estudio: El embarazo en la adolescencia y el acceso a educación y servicios de salud sexual y reproductiva, publicado por parte del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). El objetivo del estudio es identificar cómo la población adolescente accede a esos servicios de salud sexual y reproductiva.

Las estadísticas consignadas dan cuenta de que, a nivel nacional, México presenta una tasa de 67 embarazos adolescentes por cada mil mujeres. El Estado con mayor número de embarazos es Coahuila con 94 embarazos, le siguen Chiapas con 85, Nayarit y Campeche con 79.

En cuanto a las entidades federativas con el menor número de embarazos adolescentes son la Ciudad de México con 48 por cada mil mujeres, seguido de Querétaro con 60 por cada mil adolescentes.

El estudio de Coneval refleja que, de las y los adolescentes, 4% cuenta con sólo la primaria o menos; 35% con secundaria; 56% tiene estudios de preparatoria y sólo 5% llega a cursar estudios de licenciatura.

El estudio demuestra que —en el año 2020— ocho de cada diez mujeres de entre 12 y 19 años que tuvieron al menos un hijo, presentaron rezagos educativos. De tal suerte que, para la mayoría de las adolescentes, el embarazo resulta un obstáculo —muchas veces infranqueable— para su educación.

Aunado a lo anterior, la joven embarazada puede enfrentar problemas de rechazo, depresión, soledad, vergüenza, abandono y violencia obstétrica.

El embarazo adolescente es un problema de salud pública que no ha logrado contenerse en los últimos años y es un fenómeno social que tiende a feminizar la pobreza, ya que se presenta en forma mayoritaria en los sectores más pobres de la población, comprometiendo el desarrollo académico y profesional de las futuras madres.

La desvinculación social de la adolescente embarazada genera un obstáculo para la culminación de su educación formal y de manera consecuente repercute en desventajas en su inserción laboral, colocándolas en situaciones que pueden llevarlas a perpetuar condiciones de pobreza o conducirlas a ella, así como exponerlas a diversas situaciones de vulnerabilidad y violencia.

El poco conocimiento y acceso efectivo a los métodos anticonceptivos deriva en un bajo uso de ellos, siendo una de las principales razones de embarazo.

Como en otros temas, la ausencia de buenas políticas públicas de salud preventiva ha sido causa importante para que este flagelo social siga presente.

Es urgente garantizar la educación y orientación sexual, así como las campañas de difusión sobre salud sexual, reproductiva y de planificación familiar, así como para auxiliar e integrar de manera eficaz a quienes ya son madres a la vida productiva y el retorno a las aulas.

Porque en un Estado democrático los derechos fundamentales y su ejercicio pertenecen a todas y todos sin distingo alguno.

Como Corolario, la frase del filósofo Lin Yutang: “De todos los derechos de las mujeres, el más grande es el de ser madre”.

(Excélsior 17 12 22)

Categorías:Columnas, Raúl Contreras Bustamante

Etiquetado como: