Columnas

La desconexión digital /2

Sin tacto.

Por Sergio González Levet

     Pues sí, la diputada local Maribel Ramírez Topete, de Movimiento Ciudadano, presentó una iniciativa para que se respete la “desconexión digital fuera de su jornada laboral” de los empleados de las oficinas gubernamentales.

Eso quiere decir que sería verdaderamente respetado el tiempo libre, que deberían poder disfrutar todos fuera de su horario de trabajo, en los fines de semana y en los periodos vacacionales.

     De prosperar esa propuesta, cualquier servidor público se volvería, por primera vez en la historia, dueño de su tiempo libre, lo que no sucede de ninguna manera debido a la costumbre de los jefes y titulares de dependencias de llamar a deshoras a sus colaboradores para darles las órdenes más estrambóticas y complicadas.

     Los funcionarios de todos los calibres piensan que molestar a sus subordinados es la forma más exquisita de ejercer su poder. En las oficinas públicas campea el culto al bomberazo como la quintaesencia del trabajo fecundo y creador, lo que es una mentira por todos los lados que se le vea.

     Quienes piensan que una oficina que se respete debe trabajar hasta altas horas de la noche están totalmente equivocados. Agustín Acosta Lagunes, que fue Gobernador de Veracruz de 1980 a 1986, decía que quien tenía que trabajar después de las 9 de la noche es porque era muy desorganizado.

     Pero en México los políticos de todos los partidos, incluidos los del actual, están convencidos de que estar llamando en horas de la madrugada a sus asistentes, es la mejor forma de garantizar la productividad. Y esta costumbre se extiende aún más debido a la otra de no pagar horas extra a los pobres burócratas.

     En el servicio civil hay muchísimos casos de personas que han dejado la vida en sus dependencias, que no han podido hacer una familia o la han perdido por falta de tiempo y atención a sus hogares. Innumerables secretarios particulares se han convertido en eunucos sociales y viven pendientes de las órdenes y ocurrencias de sus jefes.

     El derecho a la desconexión digital podría entrar en la lista de las garantías individuales y salvaría a muchos infelices que son verdaderos esclavos de la cadena de mando.

     Imagine usted que es un empleado de Gobierno y que a las 6 de la tarde checa su tarjeta de salida. Le ha avisado a su superior inmediato que es la hora en que terminó su jornada y se va tan campante, después de haber apagado su celular para no recibir llamadas inconvenientes. Y el fin de semana es todo para que lo disfrute. Y las vacaciones las goza plenamente, sin llamadas coercitivas que lo obliguen a regresar intempestivamente a su oficina.

     Sería todo un mundo feliz, un brave new world, que no deja de ser una utopía propuesta por una diputada veracruzana con la mejor de las intenciones.

sglevet@gmail.com

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