Columnas

Clásicos de la literatura infantil en el mes de la niñez (III)

“Cuentos de Hans Christian Andersen”

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez

Mi primer acercamiento a la obra de Hans Christian Andersen fue por el título de la novela: “Pedro el afortunado” del escritor danés Henrik Pontoppidan, este gigante de las letras universales ganador del Premio Nobel de Literatura en 1917, escribió una larga saga costumbrista considerada una de las obras cumbres de la literatura europea, el interés por la historia de la novela me hizo investigar más y fue el momento de encontrarme con “Pedro el afortunado” de Hans Christian Andersen, que a diferencia de la voluminosa novela de Pontoppidan, la de Andersen es una novela pequeña con tintes autobiográficos. Ya ingresado en el universo literario de Andersen, inmediatamente aparecen sus cuentos inmortales, cuentos esencialmente para niños que han eternizado a su creador y hecho feliz a todo lector, en total escribió 168 cuentos entre los que están: “La sirenita, La niña de los fósforos, El ruiseñor”. Vayamos a ellos.

Como todo cuento infantil, las historias se componen de fantasías, invenciones fabulosas que atrapan a todo público lector, pero en especial a los niños. A lo anterior hay que agregar que cada relato tiene una enseñanza, una moraleja, por supuesto que al ser historias escritas en pleno siglo XIX, las costumbres, tradiciones, nos pueden parecer caducas, ciertos valores cursis o anticuados, o la propia historia desde el punto de vista literario podríamos percibirla como muy sencilla, no obstante, todo niño-a que lea estas historias las disfrutará enormemente, podrá viajar, imaginar, fantasear, reír y alegrarse, llorar y aprender, un ejemplo es el bellísimo cuento titulado: “La sirenita”, que si bien el final no es trágico, en lo personal hubiera preferido un final diferente.

Parte del ambiente donde trascurre el cuento es en el fondo del mar, allí vive el Rey del mar con su anciana madre, el Rey había quedado viudo y era padre de seis bellas hijas, la más pequeña figuraba como la más bella, pero también la más lista, la más seria, reflexiva, inteligente, estas niñas eran hermosas, la gran diferencia que tenían con los humanos estaba en que no tenían piernas, sólo una cola de pescado, es decir, estamos ante las famosas bellas sirenitas. Las sirenitas poco contacto tenían con el mundo exterior, prácticamente pasaban su vida en el fondo del mar, aunque todas cuando cumplían quince años, se les autorizaba poder subir y conocer desde el exterior la luna, el sol, la ciudad, los humanos, etc. la sirenita más pequeña estaba ansiosa por llegar a esa edad y poder conocer el mundo que los rodeaba, el tiempo llegó y la sirenita subió, aquí la historia es fantástica, porque en su primera subida conoció un gran barco, vio a la gente que convivía, obvio sin que los humanos se dieran cuenta, y la sirenita se enamoró de un Príncipe, para mala suerte de los tripulantes el barco se hundió y la sirenita con algo de esfuerzo pudo salvar la vida del Príncipe, este cuando reaccionó recordaba el bello rostro de la chica que lo había salvado, pero no logró nunca dar con ella, la vida continúo y la sirenita perdidamente enamorada de su Príncipe se lo confesó a su abuela.

La abuela le explicó a la sirenita que la diferencia que ellos tenían con los humanos no sólo estaba en la cola de pescado, que, además, ellas vivían por un periodo de trescientos años, pero que una vez pasado este tiempo simplemente desaparecían, y que los humanos vivían menos años pero que sus almas no morían:

Los hombres, por el contrario, poseen un alma que vive eternamente, que vive aun después que su cuerpo se ha convertido en polvo: esta alma sube a través de la sutilidad del aire hasta el cielo, y así como nosotras nos elevamos del fondo de las aguas para ver el país de los hombres, así ellos se elevan a deliciosos sitios, inmensos e inaccesibles a los pueblos del mar. –Pero, ¿Por qué no tenemos también un alma inmortal? –dijo la sirenita afligida –. ¡Daría con gusto los centenares de años que aún me quedan que vivir, por ser hombre, aunque no fuese más que un día y participar después del mundo celeste! –¡No pienses en semejantes tonterías! –replicó la anciana –. Somos aquí abajo mucho más felices que los hombres allá arriba.”

La sirenita le siguió preguntando a su abuela y esta le confesó todavía algo más importante, la confesión consiste en saber que ella podía dejar de ser Sirena y convertirse en humano, pero para que eso sucediera un humano tenía que amarla tan profundamente, tan sinceramente, que ese amor haría que ella viviera a su lado, la sirenita se emocionó y para ir y demostrar su amor al Príncipe, decidió consultar a una bruja, la hechicera le dijo que podía darle un elixir y con la toma ella obtendría sus piernas, empero, que lo pensara muy bien, porque con esta decisión se presentarían muchas pruebas más, por ejemplo:

“–Pero ten presente – continuó la hechicera –que una vez cambiada a ser humano, no podrás volver a ser Sirena. Nunca volverás a ver el castillo de tu padre, y si el Príncipe, olvidando a su padre y a su madre, no se une a ti con todo su corazón y toda su alma, o no sino quiere hacer bendecir vuestra unión por un sacerdote, no tendrás un alma inmortal. El día que se case con otra mujer, tu corazón se romperá, y no serás más que un poco de espuma sobre la cresta de las olas.  –¡Consiento en ello! –dijo la sirenita, pálida como la muerte. –En este caso –prosiguió la bruja –, es preciso me pagues; y no pido poco. Tu voz es la más hermosa entre las que existen en el fondo del mar: con ella piensas encantar al Príncipe; pero precisamente tu voz es lo que exijo de pago. Quiero lo que tienes más hermoso en cambio de mi precioso elixir. –Pero si tomas mi voz –peguntó la sirenita –, ¿Qué me quedaría? –Tu encantadora figura –repuso la bruja –, tu andar ligero y gracioso y tus ojos expresivos; eso te basta. ¡Vamos; valor! Saca la lengua par que te la corte, y en seguida te daré el elixir. –¡Sea! –Repuso la sirenita.”

La sirenita se convirtió en humano, el Príncipe es el primero en encontrarla y le pregunta de dónde ha llegado, su cara le recuerda la imagen de la joven que lo salvó del naufragio, aun así, no está seguro y recordemos que la sirenita-humana no puede hablar, la bruja le cortó la lengua. La historia continúa, es bella, profunda, aleccionadora. El final hizo que me acordara de una clásica película que vi allá por 1999: “Un Ángel Enamorado”, con Meg Ryan y Nicolas Cage, como protagonistas, quienes la vieron podrán imaginar y relacionar el final del cuento, para quienes no, les dejo abierta la historia.

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